En septiembre del 2018 se cumplieron diez años de una de las crisis financieras con mayores repercusiones a nivel global en la historia. Estados Unidos fue el principal precursor y afectado, generando no solo una crisis en su país, pero una recesión a nivel mundial. A 10 años de este evento que continúa teniendo repercusiones, la principal pregunta que la mayoría tiene: ¿Ha mejorado el mercado inmobiliario en Estados Unidos y los países de Latinoamérica, o seguimos en crisis? ¿Estamos ante otra burbuja inmobiliaria?

Para crear un contexto, en el periodo de 2001 a 2007, la situación inmobiliaria en Estados Unidos era vista como un mercado sólido y sostenible, donde el precio de las viviendas y los números de créditos otorgados para la compra de vivienda presentaban una tendencia alcista. Esto hacía a creer a los inversionistas que había certidumbre en el mercado para invertir. Sin embargo, la forma en que se concibieron las condiciones de mercado solo creó una burbuja inmobiliaria.

La burbuja inmobiliaria es definida como el incremento acelerado del precio real de las viviendas hasta que las relaciones de ingreso y accesibilidad con respecto al precio alcanza niveles insostenibles. Los motores de esta burbuja fue la combinación de bajas tasas de interés, muy poca regulación por parte del gobierno en el sistema financiero, y la poca aversión al riesgo de las instituciones financieras para el otorgamiento de préstamos. Se crearon un conjunto de carteras, donde la mayoría de las hipotecas pertenecían a clientes morosos. Esto ocasionó el colapso del sistema financiero.

En Estados Unidos, las consecuencias en el mercado inmobiliario generaron una disminución del valor de las propiedades. En la gráfica se muestra como en el periodo de recesión (2007 – 2009), las propiedades tuvieron una pérdida en su valor de hasta un 12.7% en un año. Sin embargo, en un periodo de 10 años, el mercado inmobiliario en Estados Unidos se ha logrado recuperar teniendo un crecimiento de 31.8%.

En cuanto al porcentaje de familias con vivienda propia, en el 2008 la participación era de 67.8% mientras que en el 2018 la participación ha disminuido a 64.4%. Es importante entender que las políticas actuales se han vuelto más restrictivas en cuanto al mercado inmobiliario, siendo más difícil acceder a un crédito. A 10 años de la crisis, el panorama es positivo debido a que hubo un incremento de 0.9% con respecto al año pasado, lo que indica un panorama optimista a futuro.

Por Jorge Lugo

Este es un fragmento del artículo A 10 años de la FULVLVÀQDQFLHUD ¿Dónde estamos? de la edición 113
http://inmobiliare.com/inmobiliare-113/

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