El activista y artista contemporáneo chino, Ai Weiwei, exhibe por primera vez en México, del 13 de abril al 6 de octubre del presente año en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), un doble proyecto que lleva por título ‘Restablecer la memoria’ el cual explora (a pesar de la distancia geográfica y mediante una comparación no evidente) los conflictos en la experiencia de China y México, bajo una relato que obliga a la construcción de la memoria social a través del arte.

El artista lleva la arquitectura a la sala del museo en su más grande readymade histórico-político: El salón ancestral de la familia Wang (2015), un templo de madera de la dinastía Ming con más de 400 años de historia que registra la deconstrucción del patrimonio cultural chino.

La obra abarca una superficie de 650 m2 con 12 m de altura y tiene un peso aproximado de 50 toneladas; consta de 1,300 piezas ensambladas sin el requerimiento de ningún clavo o tornillo, únicamente empalmadas bajo la resistencia de la misma estructura, cuya posición y organización hacen que el conjunto sea rígido y sólido. Para la construcción se necesitó traer maestros carpinteros de las provincias Zhejiang y Jiangxi, especialistas en una de las técnicas de gran tradición en China.

El santuario propone mirar a la arquitectura como memoria de cada época con su propia transgresión desde la materialidad. Ejemplifica la compleja relación entre lo nuevo y lo viejo; contrapone la noción de tradición y contemporaneidad, además de cuestionar la idea sobre el legado cultural y las maneras en que se narra la historia debido a que la estructura arquitectónica ha cambiado enormemente a lo largo de los años, adquiriendo diferentes funciones, atributos y valores.

En un fragmento del libro Ai Weiwei Restablecer memorias, escrito por Cuauhtémoc Medina (curador de la exposición), se lee: “Como muchas otras construcciones, este templo vio su historia cercenada por la Revolución Comunista China. Desde que la reforma agraria de 1950 y la ofensiva maoísta contra las terratenientes despojaron a la familia Wang de su rol tradicional en el poblado de Xiaoqi, sus propiedades pasaron a fraccionarse y este templo acabó sin uso.”

Posteriormente, el templo perdió sus accesorias laterales y fue dejado a la intemperie durante la Revolución Cultural con la campaña de los ‘Cuatro Antiguos’ que buscaba erradicar las viejas costumbres, cultura, hábitos e ideas del pasado tradicional.

Al momento del despegue del nuevo capitalismo en China, en el 2010, los restos del santuario fueron adquiridos por un mercader de antigüedades, quien los llevó a su bodega en Dongyang con el propósito de venderlos como material de decoración para restaurantes o comercios. Fue hasta el año 2014 que Ai Weiwei adquirió la estructura y la intervino con colores para dar evidencia de las partes que habían sido reemplazadas o restauradas.

En 2015 se exhibió por primera vez atravesando dos galerías contiguas en Beijing: la Galleria Continua y el Tang Contemporary Art Center. En una exposición que aludía tanto al destino de la cultura china bajo el régimen comunista, como al estado de libertad restringido en el que se encontraba el artista, luego de su detención por parte del Estado chino en 2011. Vivencia que, en la exhibición del MUAC, resignifica y contrapone con la experiencia mexicana, a partir de presentar El salón ancestral de la familia Wang a la par de la pieza Retratos de LEGO. Caso Ayotzinapa (2019), que consiste en un filme documental y una serie de retratos fabricados con piezas Lego de los 43 estudiantes desaparecidos de Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en septiembre de 2014. Con lo cual explora las consecuencias personales y sociales de la desaparición, apostando por la construcción de la memoria como un lazo invisible, abriendo el debate entre el cambio y la perpetuidad, sin ajustarse ni a uno ni a otro.

“Une la desolación que deja la destrucción de nuestras reliquias culturales, nuestro pasado, y la violencia bárbara perpetrada contra los jóvenes, nuestro futuro” se describe en la cédula introductoria de la sala.

Ai Weiwei debe mucho de su notoriedad artística a la provocativa y transgresora forma en que, desde mediados de los años noventa, interviene artefactos que usualmente están conservados y protegidos bajo el criterio arqueológico de la autenticidad y el patrimonio, nociones que suelen imperar en la concepción del museo.

Le gusta decir “no sé nada de arquitectura”; sin embargo, es creador de la agencia de arquitectura Fake Design, nombre que en chino se pronuncia muy parecido a “fuck”, con lo cual reafirmando su posición crítica. Ha ilustrado cerca de 70 edificios y proyectos de paisajismo; asimismo, participó en el desarrollo del Estadio Nacional de Beijing para los juegos Olímpicos de Verano 2008 y en el proyecto monumental ORDOS 100, en el que se construyó una ciudad entera de 197 hectáreas, con 100 villas de 1,000 m2 cada una.

Por Xareni Zafra

Este es un artículo de la edición 115 http://inmobiliare.com/inmobiliare-115/