El bambú es considerado un detonante de la economía nacional debido a sus características, lo que lo hace de fácil acceso en sectores como la construcción. Anteriormente ya era utilizado en zonas indígenas para la edificación de casas al tratarse de un material ligero, resistente a las inclemencias del tiempo, de bajo costo y rápido crecimiento.

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Puebla es uno de los principales productores de bambú en el país, así como Veracruz, Chiapas y Tabasco que en conjunto tienen alrededor de 35 especies diferentes. En el sector del campo, es una actividad con mayor rentabilidad que la siembra de frijol o maíz, ya que genera más de 4 mil empleos directos y 26 mil indirectos, según datos de Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación –SAGARPA-.
Empresas de Estados Unidos y China dedicadas a la fabricación de paneles para construcción, se han interesado por la producción en el estado de Puebla, lo que ha dado como resultado un incremento en las hectáreas de 260 a 780 con una ganancia aproximada de 25 millones de pesos al año, según información del Comité Sistema Producto de Bambú en la entidad.

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De acuerdo con la Fundación produce Puebla en 2007, año en que llegó el cultivo al estado, sólo se contabilizaban 10 hectáreas; actualmente existen 875, solo en los municipios de Hueytamalco y Cuetzalan.    
Entre sus cualidades para la construcción están sus fibras longitudinales que lo hacen más fuerte de manera natural, el tiempo de crecimiento para utilizarlo es entre 3 a 5 años, en comparación con los 30 años que tarda la madera. Su resistencia a la compresión equivale a la del concreto, mientras que  la tracción es parecida a la del acero. Además, captura 10.5 toneladas de CO2 por hectárea, es decir que 400 plantas restan 10 mil 500 kilos de dióxido de carbono en un cuarto de año.

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Un ejemplo de su utilidad son las casas temporales para los damnificados de los sismos de septiembre, en el estado de Puebla. La construcción se realizó en cooperación con diferentes universidades y organizaciones civiles como forma de brindar un techo a las familias que perdieron su patrimonio, a través de un material endémico de la entidad.

Por Mónica Herrera