¿Se han preguntado por qué nos encanta pasar tiempo con nuestras mascotas, nos gusta ver el mar y escuchar las olas, o por qué es tan placentero estar en un jardín? Todas las respuestas están en la biofilia que, a grandes rasgos, es la atracción que sentimos por estar en contacto con la naturaleza, debido a la conexión natural —valga la redundancia— que tenemos con ella, según el biólogo Edward O. Wilson de la Universidad de Harvard.

Desde tiempos relativamente recientes se ha buscado incorporar el diseño biofílico en diferentes aspectos y entornos de nuestra vida cotidiana pues, si bien es cierto, las urbes siguen creciendo y nuestro planeta se sigue consumiendo de modo que cada vez es más complejo y costoso estar en contacto con la naturaleza, el consumo de ingredientes frescos u orgánicos se ha vuelto exclusivo.

Hoy en día el acceso a las reservas naturales, por ejemplo, no sólo está limitado y restringido sino también es un negocio lucrativo. Éste es solamente uno de muchos factores que nos han llevado a explotar la creatividad y la innovación a través del diseño que emula las formas, materiales y ambientes de la naturaleza en espacios hechos por el hombre.

Con más de 40 estudios alrededor del mundo se han probado los efectos positivos que el diseño biofílico tiene en nuestra salud y bienestar: hay menos absentismo, menos estrés y mayor comodidad en los empleados que trabajan en espacios con diseño biofílico. Esto se traduce en mayor productividad y ganancias para las organizaciones que lo implementan.

En The Royal Children’s Hospital en Melbourne, Australia, el bienestar de los pacientes con habitaciones que tienen vista a la naturaleza ha mejorado y la estancia de los enfermos se ha reducido.

¿Cómo aplicar el diseño biofílico en los restaurantes?

Como buenos estrategas, también es parte de nuestra misión que nuestros comensales sientan bienestar, comodidad y felicidad al entrar a nuestros restaurantes, y el diseño biofílico de espacios y ambientes es una herramienta para lograrlo.

La mayoría de los espacios urbanos puede hacernos sentir encerrados. No olvidemos que a través de la arquitectura podemos crear espacios distintos e ir más allá de colocar algunas plantas en las esquinas. Pensemos: ¿qué ve nuestro comensal al entrar al espacio? ¿a qué huele? ¿de qué colores es? ¿cómo es su iluminación? ¿cómo son sus texturas? etcétera. Y ahora pensemos cómo podemos combinar estos factores y generar una atmósfera placentera para degustar algo delicioso.

En Tokio, Japón el restaurante Nikunotoriko diseñado por el despacho arquitectónico Ryoji Iedokoro tiene un comedor inmerso en una caverna con una atmósfera muy natural e iluminación lúgubre. Su piso de cristal simula el agua y tiene un efecto pétreo en sus muros y plafón. El resultado es increíble pero el concepto no termina aquí: en la planta alta, un espacio nos traslada a un bosque con diferentes niveles, texturas y materiales que convierten la experiencia en algo digno de recordar. El reto del despacho era diseñar un restaurante de yakiniku (carne a la parrilla) como muchos otros en Japón, pero el resultado está más allá de eso: una experiencia memorable que transforma el sabor a través del espacio.

En México tenemos algunas muestras de los principios del diseño biofílico aplicados. Un ejemplo es lo que está haciendo el chef Enrique Olvera, quien sigue llevando la gastronomía mexicana a otros niveles. A partir de la última remodelación de Pujol reforzó la ambientación con pequeños huertos de donde obtiene algunos de sus insumos, un horno de piedra para dar ese sazón de pueblo, un jardín de rocas que emula un patio mexicano, y espacios abiertos e iluminados que dan mayor informalidad y paz al lugar.

¿Queremos llevar nuestros diseños al siguiente nivel? Aprovechemos las culturas tan ricas como la mexicana, hagámoslo de manera consciente y dejémonos inspirar por los diferentes climas, maderas, piedras y colores que la componen para crear mejores experiencias, desde una cocina de campo hasta una mariscada en la playa. Las posibilidades y los deleites naturales de este delicioso país son infinitos.

Por Arturo Lazcano, Space Design en Mero Mole

*Nota del editor: Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Inmobiliare