El pasado 15 de abril del presente año se desató un incendio en la catedral de Notre Dame de París que arrasó con techos, torres y vitrales, además de derribar su emblemática aguja central, conocida entre los franceses como La Flèche (La Flecha), la cual era considerada ícono de la arquitectura gótica del país por su majestuosidad y extremo detalle.

Ante el hecho catastrófico, el primer ministro de Francia, Edouard Philippe, ha anunciado un concurso internacional de arquitectos para que se propongan proyectos de reconstrucción  y así determinar si se debe construir una aguja idéntica o adaptarla a la época contemporánea. “Es un desafío inmenso, una responsabilidad histórica, la obra de nuestra generación y para las generaciones futuras”, declaró el primer ministro en la reunión de gabinete dedicada a los desafíos de la reconstrucción.

El tema ha generado un amplio debate, mientras que los más puristas defienden la conservación sin incorporación de elementos ajenos a la época para mantener intacto el valor histórico y estético, hay quienes están en contra de generar un ‘falso histórico’ y proponen una catedral moderna, como el arquitecto Jean Michel Wilmote, quien imagina el templo con techos de titanio o cobre. Mientras que otros prefieren una cúpula de vidrio, al estilo Reichstag de Berlín, cuyo autor, Norman Foster, ha declarado que la reconstrucción representa “una oportunidad extraordinaria”.  

Notre Dame fue edificada hace más de 800 años, es la catedral más importante y visitada de Francia, recibiendo 12 millones de turistas anualmente. Aunque ha sido dañada en varios momentos históricos, el incendio del 15 de abril representa la mayor catástrofe que ha sufrido. No obstante, hasta el día de hoy se han recaudado más de 800 millones de euros en donaciones para la restauración y se cuenta con el apoyo de algunas de las firmas y familias más ricas de Francia como Total o L’Oréal.