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Industria

Quintana Roo, punto estratégico para inversión inmobiliaria

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El Caribe Mexicano representa una de las mayores zonas turísticas con gran aporte de capital a la economía del país, ya sea por la alta ocupación hotelera o por la compra/renta de propiedades utilizadas -mayormente- como casas de descanso por turistas nacionales e internacionales.

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Destinos como Cancún, Playa del Carmen y Tulum han mostrado un crecimiento en inversiones, lo que los ubica como puntos estratégicos para las operaciones inmobiliarias del sureste del país de acuerdo con el Informe 2018 del Mercado Inmobiliario realizado por el portal de bienes raíces Lamudi.

Asimismo, debido al aumento de población en estos puntos, ha sido necesario focalizar los esfuerzos del desarrollo vertical en la región, por lo que en noviembre de 2017, el Financial Times posicionó a la Riviera Maya, entre los 10 mercados inmobiliarios con mayor crecimiento en el mundo. Mostrando un aumento en las ventas del 20% cada año, desde el último lustro.

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El precio promedio por una casa en el estado de Quintana Roo, de acuerdo con Lamudi, se ubica sobre los 3 millones 200 mil pesos promedio, mientras que el de un departamento supera los 5 millones 900 mil pesos. En cuanto a las rentas, una casa llega a cifras mayores a los 20 mil 600 pesos y los departamentos son ligeramente más baratos con un precio promedio de 19 mil 200 pesos.

Asimismo, el portal inmobiliario informó que la tendencia de búsquedas en Internet apuntan hacia la compra de casas sobre departamentos con una proporción 80/20. Mientras que el esquema de rentas favorece a los departamentos con 35% pese a que persiste la vivienda horizontal con 65 por ciento.

Por Mónica Herrera

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Industria

¿Qué cambios ha dejado la pandemia en el sector inmobiliario?

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La pandemia por Covid-19 obligó a la población a realizar diversos cambios en su forma de vida, principalmente en la rutina de trabajo y de entretenimiento, ya que la necesidad de mantener una sana distancia y evitar aglomeraciones, llevó a normalizar el home office y las compras de productos sin salir de casa. 

De acuerdo con Pablo Ordorica, Socio Senior de McKinsey & Company, no  se va a regresar a la “antigua normalidad”, pues esta pandemia está modificando la estructura de los  mercados. “Además, las ganancias y márgenes están cambiando dramáticamente al Real Estate, por lo que las compañías deben actuar, y como parte de esto, es esencial apuntalar la colaboración entre el  sector público y el privado”.

Durante el seminario “¿Cómo  navegar la nueva normalidad? Implicaciones post Covid-19 en el Real Estate: sector comercial y oficinas” organizado por La Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI) y la consultora estratégica global McKinsey & Company, el especialista también reconoció que, si bien  algunas áreas han sido muy afectadas, hay otras que presentan amplias oportunidades para su  recuperación, gracias a la adaptabilidad de las desarrolladoras para tomar acciones de salud e higiene.  

Por su parte, Rob Palter, Socio Senior de McKinsey en Toronto y líder global de la práctica de bienes raíces  de McKinsey, destacó que tanto el mercado de oficinas como el de centros comerciales, son escenarios que se avizoran complejos, ya que hasta que la población no se sienta segura, no se regresará al 100 por ciento. 

“Aunque se ve una evaluación más  racional respecto al dilema de no regresar a ellas (oficinas), todavía persiste nerviosismo  entre los mexicanos por salir de casa, por lo que el futuro de este rubro se verá cuando la gente  empiece a sentirse bien acerca de salir”.

Asimismo, apuntó que como muestra del impacto de la crisis dentro del sector, tan solo en el tercer trimestre del  año hubo una reducción en la demanda de casi 200 mil m2 de oficinas en la Ciudad de México, por lo que  el reto estará ahora en ver qué tan rápido se pueden adaptar estos espacios para ofrecer confianza y  flexibilidad durante el regreso de los colaboradores.

Explicó que según diversos estudios, la interacción de las personas es fundamental para las  negociaciones, la inducción de nuevos empleados y la adopción de la cultura organizacional de las  empresas, entre otras necesidades, por lo que la tendencia apunta a un modelo híbrido y flexible de trabajo: físico en oficinas y tecnológico desde el hogar.

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