A lo largo del siglo XXI, la variación en el clima ha sido cada vez más extrema; si bien es cierto, dicho fenómeno no es algo nuevo, actualmente el cambio está intrínsecamente relacionado con la intensificación del efecto invernadero, generado a su vez por la quema de combustible fósil en las emisiones industriales. Lo que provoca que sequías, incendios, viento, calor extremo, huracanes e inundaciones, sean más frecuentes.

Ciudades en todo el mundo han sido afectadas drásticamente, en cuanto a vidas perdidas y bienes dañados, por dichos acontecimientos. Esto repercute severamente en la economía de cada país, donde sectores importantes como la agricultura, el turismo e incluso el mercado de bienes raíces, se ven perjudicados.

Restaurar el valor de los inmuebles implica altos costos y una gran inversión de tiempo. En este sentido, Urban Land Institute (ULI) ha impulsado construir para la ‘resiliencia’; a través de talleres, conferencias, publicaciones, servicios informativos, asesorías, entre otros. Busca apoyar a los desarrolladores, operadores y dueños de propiedades a ajustarse a los cambios climáticos con la seguridad que sus proyectos prosperarán en el tiempo.

ULI es una organización global fundada en 1936, que comprende a más de 40 mil profesionales en bienes raíces y urbanismo, todos enfocados en el uso responsable de la tierra para crear y mantener comunidades prósperas en todo el mundo. A través de la experiencia y participación de los miembros es como se construye, en gran medida, los estándares de excelencia para para la práctica del desarrollo.

Cabe mencionar que el instituto ha sido reconocido como uno de los más respetados y ampliamente citados en el mundo, con información objetiva sobre planeación, crecimiento y desarrollo.

Mediante el Programa de Resiliencia Urbana, ayuda a las comunidades a prepararse ante los riesgos que genera el cambio climático, de manera que puedan regresar a la normalidad mucho más rápido y seguro después de alguna catástrofe.

Promueve incentivar la adopción de prácticas y políticas que conduzcan a un mejor rendimiento energético, por medio de una cuidadosa planificación del uso del suelo, inversión inteligente en infraestructura y diseño de edificios, así como la conservación y protección de las ciudades ante eventos adversos.

En entrevista para Inmobiliare, Gwyneth Jones Cote, Presidenta de ULI para la región de América, comenta: “La gente no ve al cambio climático como un problema real, no creen que sea algo que está pasando. Sin embargo, la ventana que tenemos para solucionar es cada vez más chica, por lo tanto hay una gran responsabilidad social en educar sobre estos temas”.

De acuerdo con ULI, la resiliencia es “la capacidad de preparar y planificar; absorber, recuperarse y adaptarse más exitosamente a los eventos adversos”. Esta definición fue aprobada por 750 mil profesionales en el área de planeación y desarrollo urbano, todos ellos afiliados a diversas instituciones como el Instituto Americano de Arquitectos, la Asociación de Planificación Americana, y el Consejo de Construcción Verde de los Estados Unidos; quienes concluyeron que, en general, la resiliencia mejora la competitividad económica de un país, pues implica seguir las mejores prácticas y lecciones aprendidas en el uso de la tierra, diseño y construcción para proteger los edificios. Además, no sólo conlleva la gestión del riesgo, también ayuda al mantenimiento del valor; es decir, a la larga puede ahorrarle mucho dinero a los desarrolladores o propietarios.

Los inversores y aseguradoras, por ejemplo, cada vez más, piden pruebas de que sus activos están siendo protegidos adecuadamente, exigiendo se incorporen prácticas resilientes, ya que reconocen los riesgos que conlleva el cambio climático. Por lo tanto, el desarrollo y la reurbanización se ven como las oportunidades frente a las contingencias.

Si bien, la resiliencia urbana debe ser pensada acorde a cada contexto, en el informe Returns on Resilience: THE BUSINESS CASE, ULI propone ciertas estrategias que pueden hacer la diferencia frente a algunos fenómenos naturales:

Tormentas, aumento del nivel del mar o inundaciones

En estos casos recomienda ubicar el centro de energía del edificio en un piso superior o en la azotea con relación a la elevación de la marejada de tormenta o en la planicie de inundación. Asimismo, la adquisición de un generador de respaldo con reservas de combustible, el cual permitirá la operación de iluminación y aire acondicionado, fundamentales para recuperarse del clima extremo.

Las características del paisaje, como las bermas, pueden actuar como barreras naturales, mientras que los humedales, las arboledas de hombre y los lugares hundidos o pantanoso con plantas nativas amortiguan la energía de las olas y absorber el agua en el sitio.

Huracanes y tormentas tropicales

Aconseja la instalación de vidrio resistente a impactos para evitar la explosión o implosión de ventanas y puertas durante los momentos de fuertes vientos que traen consigo escombros voladores. Además, de colocar una unidad de desalinización y un tanque de almacenamiento de agua subterránea, para contar con agua potable, necesaria para la torre de enfriamiento. La capacidad de energía adicional en el sitio y de respaldo puede ayudar a hacer funcionar el aire acondicionado, esencial para proteger los acabados interiores.

Calor y frío extremos

Sugiere sombrear los edificios para reducir la ganancia de calor. Las cubiertas y las aberturas insuladas protegen a los habitantes del calor o el frío extremos. Mientras que las ventanas operables son la solución para la ventilación durante los cortes de energía. El vidrio que desvía el calor también mantiene fresco el edificio para brindar resistencia adicional.

Sequía y falta de agua

El reciclaje de aguas grises ayudan a esta condición, por lo cual recomienda resguardar el agua de las duchas, lavadoras, fregaderos de baños y cocinas, además, las cisternas de agua de lluvia ayudará a irrigar el paisaje y conservar el agua. Los paisajes xéricos con árboles y arbustos nativos también resguardan los líquidos en comparación con los jardines convencionales.

Acorde con ULI existen ciertos lugares que pueden ser más vulnerables que otros, por ejemplo los puertos, playas o sitios frente a un río son más propensos, por lo que pueden requerir capas adicionales de planificación, construcción, mantenimiento y gastos para mejorar su capacidad de recuperación. Sin embargo, aprendiendo de la experiencia se pueden evaluar las estrategias e inversiones que el riesgo demanda.

Los miembros del instituto, en un taller que se llevó a cabo en el año 2017, plantearon diez principios básicos para construir mediante resiliencia urbana, considerando factores sociales, ambientales y económicos. A continuación se describen:

• Entender las vulnerabilidades: es caer en cuenta que los choques y las tensiones aumentan los riesgos.

• Promover la equidad: significa abordar deliberadamente cuestiones raciales, sociales, injusticias ambientales y económicas para construir comunidades más fuertes y para apoyar a las más desafortunadas.

• Aprovechar los activos de la región: la identificación y el aprovechamiento de los activos existentes permitirá la pronta recuperación.

• Redefinir cómo y dónde construir: la creación de resiliencia implica identificar e invertir en lugares y infraestructura en los lugares que es más probable que perduren.

• Fortalecer las oportunidades de empleo y vivienda: las ciudades con una diversidad de empleos y opciones habitacionales son más resistentes y están mejor preparadas para eventos extremos y otros desafíos.

• Construir para generar valor: las estrategias que se preparan para mitigar los riesgos relacionados con el clima, pueden proporcionar un fuerte retorno de la inversión.

• Calcular el costo de la inacción: los eventos climáticos extremos recientes, sugieren que los costos de no invertir en resiliencia y reducción de riesgos aumentan dramáticamente.

• Diseñar con sistemas naturales: la resiliencia se basa en la comprensión de la función y geografía de los sistemas naturales, y cómo estos pueden ayudar a fortalecer las configuraciones artificiales.

• Maximizar los co-beneficios: Las iniciativas e infraestructuras de reducción de riesgos también pueden incluir elementos que mejoran la calidad de vida y el potencial de desarrollo económico.

• Aprovechar la innovación y la tecnología relacionada con infraestructura, movilidad, datos e información: el seguimiento puede mejorar la respuesta a las crisis y fortalecer la resiliencia a largo plazo.

De acuerdo con la Presidenta de ULI Región de América, el tema de la resiliencia urbana en cada lugar es muy diferente y funciona de una forma distinta, por lo tanto uno de los objetivos de ULI Américas es identificar los mercados y las necesidades que hay en cada región, ya que tan sólo en la región hay 53 distritos. “Se tiene que pensar mucho en cada uno de los mercados, conocer muy bien los distritos, para que se pueda generar contenido que funcione en las comunidades”.

Dentro de los objetivos que tiene el instituto para este año comenta: “Globalmente hay muchas metas, pero la principal sería crecer y hacer que los miembros se involucren más en ULI para que aprovechen las herramientas que hay, porque más allá de ser una gran red de networking, también hay muchísimo contenido que les puede ayudar, no solo a ellos profesionalmente sino a sus empresas o en sus lugares de trabajo”.

Por Xareni Zafra

Este es un artículo de la edición 115http://inmobiliare.com/inmobiliare-115/