Es un hombre de lentes, cuya voz fluida y grave las paredes parecen absorber. Como en su vida, el espacio lo ocupan reconocimientos profesionales pero sobre todo imágenes, regalos de amigos y familiares; tiene esposa, tres hijos y siete nietos, está esperando al bisnieto.

Originario de Durango pero criado en Torreón. Se mudó durante su juventud a la Ciudad de México para estudiar la Licenciatura en Derecho y formó parte de la segunda generación de egresados de Ciudad Universitaria “soy generación 55-59 pero me recibí en el 74. Pasé un tiempo sin ir a la escuela porque tenía que trabajar para mantenerme y mantener a mi familia. Nunca pude estudiar y trabajar porque si estudiaba, estudiaba todo el día y si trabaja, trabajaba todo el día”.

Su primer empleo en el sector inmobiliario fue como Jefe del Departamento Hipotecario en el Banco del Ejército, aunque previo a eso fue linotipista en una revista de ingeniería, y vendedor de pan en la infancia, lo distribuía en las mañanas entre la colonia “el otro repartía y yo cobraba. Ese fue el primer trabajo no remunerado adecuadamente” Le pagaban con una bolsa de pan cada día, sin embargo fue ahí que descubrió y explotó su habilidad financiera.

“Ahí -en el Banco del Ejército– estuve del 62 al 64. Con la salida del presidente –Adolfo López Mateos– hubo un cambio en la dirección general del banco y el nuevo director trajo a su gente, es lo que se acostumbra en gobierno. Es una buena manera de desperdiciar experiencia -comenta irónico-. Cuando uno está aprendiendo lo quitan”.

“A mí me dio mucho coraje, dije que no volvía a trabajar en gobierno y me fui a la iniciativa privada” entró al Banco del Comercio, antecedente de Bancomer”.

Víctor Manuel Requejo Fotografía por Felipe de Jesús Sánchez Gutiérrez 

Años después llegó al Banco del Atlántico donde vivió la expropiación de la banca privada, anunciada durante el último informe presidencial de José López Portillo, a razón de que “los bancos privados habían obtenido ganancias excesivas en la prestación de un servicio público concesionado” según cita La Historia sintética de la Banca en México.

“Fue un cambio importante, de gran desconcierto; no sabíamos qué hacer. Había dos Bancos de Comercio, dos Bancos del Atlántico ¿por qué?, porque había un banco de hecho que era el que operaba y un banco de derecho dueño de las acciones que no habían sido pagadas por el gobierno”.

Según el documento del Banco de México fueron 49 instituciones las expropiadas, de las cuáles las dos más grandes –Banamex y Bancomer– absorbieron 63% del importe total de la indemnización.

“Después se abrió el ostión, porque el presidente expropió en septiembre del 82, pero el primero de diciembre entregó el mando a De la Madrid … hubo cambios en algunos bancos, pero para el Banco Atlántico no hubo muchas modificaciones”. Con la llegada de Carlos Salinas de Gortari a la presidencia de la República la banca volvió a ser privada en un proceso de reformas realizadas entre 1989 y 1990.

“Yo entré al Banco del Atlántico en 1966 y lo dejé en 1994. Fueron 28 años los que estuve ahí. Salí y me jubilé”.

Tres veces emprendedor

“Renuncié y empecé a buscar empleo. Nadie me quería contratar porque tenía 56 años de edad, ya era viejo. Busqué en todos los bancos, en casas de bolsa, por todos lados. Yo quería seguir siendo del área financiera y un día dije ¿por qué les ando viendo la cara a estos mensos? si nadie me quiere ocupar entonces yo voy hacer mi empresa”. Fundó en conjunto con tres socios Hipotecaria
Nacional.

En 2004, el diario El País reportaba la compra de Hipotecaria Nacional a manos de BBVA Bancomer por 375 millones de dólares, cuando la Sofol [Sociedad Financiera de Objeto Limitado] poseía una cartera de 90,000 clientes. La compra fue percibida como el regreso de los grandes bancos al mercado hipotecario después de la crisis económica de 1994.

“La empresa al principio tuvo muchos problemas, no obteníamos financiamiento. Teníamos nueve millones de pesos de capital. Con la crisis -de 1994- la banca dejó de dar crédito, pero nosotros sí quisimos. Entonces el gobierno por conducto del Fondo de Operación y Financiamiento Bancario a la Vivienda nos dio 6 mil créditos. Éramos 6 Sofoles, mil para cada una. Una o dos no quisieron,
entonces lo agarramos los demás. Era pura vivienda de interés social, nos dedicamos a eso. Nos fue muy bien de ahí para adelante”.

“Estuvimos en Hipotecaria Nacional 11 años, fuimos la empresa más grande de su género en el país, llegamos a tener 1,300 empleados. Me quedé de Director de enero de 2005 a abril del 200 pero ya estaba muy cansado, había sido muy desgastante la problemática interna con los socios, la venta y el crecimiento de la empresa … por eso decidí retirarme y me fui tres meses a estudiar inglés. Nos fuimos mi mujer y yo a Europa”.

Viajó a Londres y admiró de los ingleses su organización “es una sociedad muy democrática, la gente es respetuosa del vecino, ahí se hace cola para todo porque nadie va por encima del otro”. Con las manos a veces entrelazadas y a veces gesticulando en el aire, recuerda que a su regreso le ofrecieron quedarse como presidente del consejo de Hipotecaria Nacional. Aceptó.

“Me quedé y aconsejaba al director Eduardo Osuna, pero yo quería tener de nuevo otra empresa y mis amigos me decían vamos hacer otra y vamos hacer otra. Entonces hicimos Apoyo Integral Inmobiliario. Pero no eran los mismos tiempos”.

Imagen proporcionada por Víctor Manuel Requejo

“La abrimos a fines del 2009 y en ese momento la banca participaba de nuevo. Cuando hicimos las Sofoles en el 94, los bancos estaban fuera del negocio, teníamos el mercado para nosotros, por eso crecimos mucho. Apoyo Integral Inmobiliario era una empresa pequeña pero mucho más capitalizada; entramos con 200 millones de pesos, pero no podíamos competir con la banca en precio,
porque ellos captan recursos del público más baratos. Para crecer compramos otra Sofol que fue Hipotecaria Casa Mexicana. Traía muchos problemas, tuvimos que dedicarnos a arreglarlos en lugar de crecer. Nos convino la compra, desde luego tenía cosas positivas, pero nos daba mucho trabajo”.

“Decidimos después convertirnos en institución de crédito, en Banco, esto fue el primero de octubre de 2013. No fue fácil, teníamos que demostrar a la autoridad que estamos organizados para poder dar un buen servicio y que los intereses del público van a estar garantizados con nosotros. Debíamos tener un capital de más de 500 millones de pesos. Los socios pusieron esfuerzo y dinero, yo no sé cómo en lugar de poner el dinero no me corrieron, en fin, yo también aporté; el dinero que había ganado en la venta de Hipotecaria Nacional lo metí aquí” y se fundó Banco Inmobiliario Mexicano.

Actualmente BIM ha financiado la construcción de 1,120 proyectos habitacionales que contemplan 111 mil 203 viviendas nuevas, con una inversión aproximada de 40 mil millones de pesos.

“Fue en seguida cuando vinieron las crisis de la vivienderas, nosotros no la sufrimos porque no habíamos prestado, no habíamos tenido tiempo. Apenas acabábamos de salir. También muchas Sofoles quebraron y recibimos sus activos para administrarlos por conducto de Sociedad Hipotecaria Federal”.

“Nosotros teníamos a los clientes sanos que no tenían problemas y eran muchos. En ese momento había más de 2,700, ahora quizá habrá 3,000 mil promotores inmobiliarios. Las que quebraron fueron nueve empresas, pero creo que se magnificó. No quebró el sector, cayeron nueve de 2,700. Quedaron todos los demás; ésas hacían 100 mil viviendas, pero los otros hacen 300 mil. Si faltan en el mercado 100 mil, hay que construir”.

“Los que no quebraron tenían la oportunidad de tomar el mercado. Tiene que hacerse así porque no se puede quedar sin viviendas, algún tiempo hubo escasez hasta que empezó a retomar su nivel y ahora se producen 450 mil al año, este año no sé, porque los promotores están medio temerosos y hay muchos que están deteniendo las inversiones”.

“Pero hay que ver la cosa positiva, no hacer las cosas con miedo o decir “yo no”, o “si llega fulano me voy del país y me llevó mi dinero” eso es absurdo. Es escupir para arriba, quitarle el futuro a sus hijos, quitarle el país a sus hijos y además ¿a dónde van? ¿al país del norte para que los discriminen? Yo aquí me quedo, en dónde me conocen. Me iría si se va mi familia y mis amigos y si me puedo llevar el paseo de la Reforma y el Zócalo, pero si no, pues no.”

“Aparte hay una cosa, si usted hace una empresa tiene una responsabilidad con la gente a la que invita. Tiene que sacarla adelante. Aquí hay 375 familias. No puedo decir “voy a bajar los brazos”, hay que seguir luchando. Además el Banco es una concesión federal, es una autorización del Gobierno Federal -del color que sea-, y al Gobierno Federal hay que responderle. Tenemos que realizar el
trabajo que se nos autorizó y realizarlo en términos de la ley. La gente apoya tanto a Andrés Manuel porque está esperanzada de salir de la situación en la que se encuentra. Ojalá que no los vaya a decepcionar, eso sería terrible”.

Apasionado de México, apasionado del sector Imprime en su voz energía mientras habla de las ciudades donde ha vivido, recuerda su pueblo natal al que le faltan calles por pavimentar. Está convencido de la belleza de lo cotidiano “México es bello, no hay como salir a trabajar a las 8 de la mañana, está fresco y precioso” comenta mientras busca mitigar el ruido de la ciudad que se filtra por la ventana y lo distrae de la conversación.

Una vez cómodo, sentado detrás del escritorio, ligeramente reclinado hacia atrás coloca la zurda cerca de la barbilla, mientras la diestra descansa sobre la mesa y continúa “me gusta cualquier ciudad del país, cuando voy a Mérida, quisiera vivir en Mérida, pero si voy a Monterrey también digo que quiero vivir en Monterrey, porque lo que me gusta es la gente y hay gente buena en todos lados”.

No es solo pasión por las ciudades lo que se adivina en su hablar, retumban de sus palabras el compromiso y la pasión por el trabajo “tengo 55 años en el sector, los cumplí ahora en abril -y es que tiene una gran virtud: es muy creativo-. Yo iba a un terreno con un promotor de vivienda y me decía: ‘mira por aquí van a pasar las calles, aquí habrá casas, acá vamos a poner un parque, una iglesia, acá va a estar la escuela’ y yo los veía”.

“Una vez a mi mujer le hice el mismo ejercicio, se me quedó viendo y me dijo: ‘creo que te falla la chabeta, aquí no hay nada más que tierra y mucho sol’. Pero yo veo la iglesia, las casas. Lo que más me gusta es ir a los terrenos antes de que los construyan y luego cuando están en obra llenarme de tierra los zapatos de pasear por ahí. Un día me acuerdo que fui a un proyecto con un promotor y empezó a llover. Veníamos muy entretenidos en la plática y de repente estábamos chorreando. Sí sentíamos el agua, pero nos interesaba más lo que estaba sucediendo ahí que era la construcción de un fraccionamiento. Si llueve pues que llueva”.

“En la canasta básica debería estar la vivienda, es un artículo de primera necesidad. Todo mundo necesitamos dormir bajo techo. La vivienda es donde se hace el hogar y el hogar es donde se hacen las personas. Me parece magnífico darle a la gente un lugar en donde pueda vivir”.

Imagen de archivo

“Es un negocio muy noble la construcción de vivienda y la construcción de interés social más todavía. Es más difícil hacer una casa de 50 o 40 metros que una de 400, ésta ni chiste tiene porque hay mucho espacio donde distribuir la recámara y un pequeño estudio, sala, cocina; pero en 40 metros que le quepan dos recámaras, un baño, la cocina, comedor, no crea usted que es tan sencillo, me lo ha confirmado mi hija que es arquitecta”.

En el librero de madera que se encuentra dentro de la oficina tiene como decoración un a serie de cucharas de albañil de colores y con formas abstractas, ante la curiosidad de esta reportera Don Víctor Manuel se levanta, toma una, me la acerca y explica:

“Son cucharas de albañil diseñadas por un arquitecto de Guadalajara que les puso ‘Arc’. Es una colección que se vendió dentro de una rifa, yo entré a la rifa, compré dos números y uno de ellos fue el premiado. Las maneja Horacio Urbano, hay una asociación muy bonita en la que él colabora junto con constructores y en la que vamos a participar, es “construyendo y creciendo”. Es muy bonita porque se alfabetiza a los albañiles, hacen escuelas en las obras y se les enseña desde la primaria o incluso a hablar español.

¿Cuál es el consejo para los que vienen?

Bueno primero les diría que insistieran en su profesión o trabajo y que tomen más riesgos. Que no hagan las cosas como se han venido haciendo, seguimos construyendo como construyeron
los egipcios. Todavía hay miles de comunidades en México que viven remontadas en cerros o cañadas, tienen que ver una manera de dotarlas de vivienda y hacer crecer el negocio. Que tengan una vivienda más digna y no vivan en un cuarto cinco, seis u ocho gentes”.

“Hay que darle a la gente mejores condiciones de vida y eso lo hace quien hace vivienda, pero construirla y dotarla de servicios como tradicionalmente se hace es muy caro, entonces tienen que encontrar otra manera de construir, a lo mejor casas pre-fabricadas que usted lleve a esos lugares, utilizar mano de obra local, materiales locales …Si Hay muchos esfuerzos en ese sentido, pero no son suficientes”.

“Hay otra asignatura pendiente: necesitamos darle vivienda a la gente de economía informal. Se les regatean los créditos y ser miembro de la economía informal no significa no tener ingresos. Hay mucha gente que tiene ingresos y capacidad de pago; ahora también hay gente de la economía formal que no tiene seguridad social y no está cobijada por las entidades como Issste o Fovissste. Son cosas que hay que arreglar”.

Toma la paleta, la coloca en su lugar dentro del librero y regresa a su silla.

Víctor Manuel Requejo

“Ahora quiero ser historiador”

Yo quiero ser historiador. Eso es lo que quiero ser, antes no me importaba morirme, pero ahora me gustaría que la vida me diera cinco años, y si se puede más, más.” Admira a los hombres y mujeres que han hecho la historia: Lázaro CárdenasDaniel Cosío Villegas, Octavio Paz, Frida Kahlo “ y al panzón o sea Diego Rivera … pero al que más, es Benito Juárez. Era un hombre chaparro, feo y prieto, pero inteligente. Admiro su tozudez, el no desmayar jamás, el correr tantos riesgos como corrió”.

“Estoy en una maestría de Historia de México, me gusta mucho, me faltan dos semestres más, y está pesada. Soy el más viejo de la Ibero, más que los profesores. Un día uno presumió que era de los más grandes, tiene 72. Le dije: le llevó casi 10 años, así que no me ande presumiendo tanto”.

“Mucha gente que no me conoce me dice maestro, es obvio, aún cuando ando de jeans y con mochila. También me ha causado sorpresa que los alumnos tutean al profesor, yo no puedo y he tenido maestros que me lo han pedido, pero no puedo, estoy educado de cierta manera con el respeto al maestro y a la autoridad, ahora es diferente”.

“A la maestría me invitó una nieta. Yo la invité primero a un diplomado de historia que dio la UNAM y lo tomamos juntos. Ahora es licenciada en historia, por eso cuando me dijo ‘abuelo voy hacer la maestría en historia en la Ibero ¿me acompañas?’ le dije: cómo no mija”. “Quiero saber por qué los mexicanos somos como somos y hacemos lo que hacemos. Hay que ver el pasado para
entender un poquito en el presente”.

Imagen proporcionada por Víctor Manuel Requejo

Por Liz Areli Cervantes