El mercado de bonos sostenibles en América Latina podría retomar una senda de crecimiento moderado en 2026, impulsado por mejores condiciones financieras y una demanda constante de instrumentos vinculados a sostenibilidad.
Un análisis de S&P Global Ratings estima que las nuevas emisiones en la región podrían ubicarse entre US$25,000 millones y US$30,000 millones en 2026, después de dos años de retroceso en el mercado.
El rebote sería relevante si se considera el contexto reciente: las emisiones de deuda sostenible en América Latina cayeron 42 % interanual en 2025 hasta US$24,000 millones, un descenso mucho mayor que la contracción global del 19 %.
Según el reporte, la volatilidad geopolítica y comercial redujo las ventanas de emisión para instrumentos etiquetados, lo que afectó particularmente a mercados emergentes.
El peso de México, Brasil y Chile
El mercado regional sigue altamente concentrado.
En 2025, México, Brasil y Chile representaron aproximadamente el 91 % de las emisiones de bonos sostenibles en América Latina, consolidándose como los tres motores principales del financiamiento ESG en la región.
La distribución fue la siguiente:
- México: 41 % del total regional
- Brasil: 33 %
- Chile: 17 %
El resto —alrededor de 9 %— se distribuyó entre Colombia, Argentina, Perú y República Dominicana.
En términos de emisores, los gobiernos soberanos dominaron las emisiones en México y Chile, mientras que en Brasil la actividad se concentró en empresas no financieras.
Esta composición refleja una característica estructural del mercado latinoamericano: el financiamiento sostenible suele estar vinculado a política pública, infraestructura y programas de transición energética.
Un mercado pequeño frente al escenario global
A pesar de su crecimiento, América Latina todavía representa una fracción menor del mercado mundial de bonos sostenibles.
Las gráficas del reporte muestran que las emisiones regionales siguen siendo modestas frente al volumen global, que supera ampliamente el billón de dólares anuales.
Esta brecha responde a varios factores:
- menor profundidad de los mercados de capital
- dependencia de financiamiento internacional
- menor número de emisores corporativos activos
Sin embargo, el informe señala que la región se ha convertido en un laboratorio de innovación financiera, con instrumentos como:
- bonos azules vinculados a océanos
- bonos de la Amazonía
- financiamiento para conservación de la naturaleza
Estos instrumentos buscan canalizar capital hacia proyectos ambientales específicos.
Energía renovable lidera los proyectos financiados
El destino de los recursos también refleja prioridades estructurales.
De acuerdo con el análisis, la energía renovable sigue siendo la principal categoría de proyectos financiados con bonos sostenibles en América Latina.
Otras áreas relevantes incluyen:
- gestión sostenible del agua
- acceso a servicios esenciales
- transporte limpio
- eficiencia energética
- vivienda asequible
- conservación de biodiversidad
La diversidad de categorías muestra cómo estos instrumentos están siendo utilizados tanto para infraestructura ambiental como para programas sociales.
Deuda en moneda local gana terreno
Otro cambio relevante es la evolución del financiamiento en moneda local.
En México, por ejemplo, casi el 60 % de las emisiones sostenibles en 2025 se realizó en moneda local, reflejando una mayor participación de inversionistas institucionales domésticos, como fondos de pensiones.
Este cambio puede reducir riesgos cambiarios y fortalecer el desarrollo de mercados de capital regionales.
Vencimientos altos y nueva ola de emisiones
El saldo total de deuda sostenible en circulación en América Latina alcanzó aproximadamente US$228,000 millones al cierre de 2025.
Los analistas esperan que los vencimientos de estos instrumentos se mantengan elevados durante los próximos años, con:
- US$6,000 millones en vencimientos soberanos previstos para 2027
- US$7,000 millones en 2028
Esto podría impulsar nuevas emisiones a medida que los gobiernos refinancien obligaciones existentes.
A principios de 2026 ya se registraron operaciones relevantes:
- México emitió €4,750 millones en bonos soberanos sostenibles
- Chile colocó €1,500 millones con indicadores vinculados a biodiversidad
- Sabesp en Brasil emitió US$1,350 millones en bonos azules, la mayor emisión de este tipo hasta ahora
Estas operaciones sugieren que el mercado sigue activo pese al entorno macroeconómico incierto.
Implicaciones para infraestructura y real estate
La evolución del mercado de bonos sostenibles tiene implicaciones directas para el desarrollo urbano y el sector inmobiliario en la región.
Tres áreas destacan:
1. Financiamiento para infraestructura urbana
Los bonos sostenibles se utilizan cada vez más para proyectos de transporte limpio, eficiencia energética y agua, activos fundamentales para ciudades en crecimiento.
2. Edificación verde
Los proyectos de edificación sostenible aparecen entre las categorías financiadas por estos instrumentos, lo que puede acelerar el desarrollo de edificios con estándares ESG.
3. Vivienda e inclusión financiera
El financiamiento social asociado a bonos sostenibles también está dirigido a vivienda asequible y servicios básicos, un segmento crítico para América Latina.
Una etapa de consolidación, no de expansión acelerada
El reporte de S&P describe el momento actual del mercado como una fase de consolidación más que de expansión acelerada.
La actividad dependerá de factores como:
- evolución de tasas de interés
- estabilidad geopolítica
- desarrollo de taxonomías verdes locales
- mayor transparencia en métricas ESG
Aun así, el interés de gobiernos, empresas e inversionistas por instrumentos vinculados a sostenibilidad sigue siendo fuerte, lo que sugiere que la deuda sostenible continuará siendo un componente relevante del financiamiento en América Latina durante la segunda mitad de la década.
En un contexto donde la región necesita capital para infraestructura, transición energética y resiliencia climática, estos instrumentos pueden convertirse en una de las principales puertas de entrada para inversión institucional global.