El desarrollo económico y urbano depende de la energía, pero la expansión de las ciudades mexicanas exigía abandonar el desperdicio y acelerar la transición hacia un modelo más eficiente y sustentable.
La caída del precio del petróleo a inicios de 2015 evidenciaba los riesgos de sostener el crecimiento en recursos no renovables. México contaba con reservas, potencial geotérmico y amplias zonas de radiación solar, pero seguía rezagado en la producción de energías limpias.
La energía mueve a las ciudades
Transporte, abastecimiento de agua, alumbrado y operación de edificios dependen de un suministro continuo. El modelo urbano horizontal y centrado en el automóvil había elevado el consumo y los costos ambientales.
Una transición urgente
El texto proponía promover el ahorro, modernizar instalaciones y sistemas de consumo, e impulsar la generación renovable. También cuestionaba que la Ley para la Transición Energética no hubiera avanzado al mismo ritmo que la apertura de petróleo y gas.
Planear el crecimiento urbano requiere conocer la demanda energética y el estado de la infraestructura. Esa información permite ubicar nuevas zonas de desarrollo, calcular necesidades adicionales y reducir contaminantes y gases de efecto invernadero.
El papel del sector inmobiliario
Desarrolladores, arquitectos y autoridades podían contribuir mediante mejores diseños, envolventes eficientes, materiales innovadores y normas de construcción orientadas a la sustentabilidad.
La eficiencia energética no era sólo una decisión ambiental. También representaba una condición para mantener la actividad económica, reducir costos de operación y garantizar el bienestar futuro de las ciudades.