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Industria

Empresas estadounidenses eligen fabricar en México, el resurgimiento de ‘Nearshoring’

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Ha habido mucha especulación sobre los cambios que se avecinan con el  post-COVID-19, muchos se preguntan: ¿Cómo y cuándo volverán los restaurantes llenos de gente, eventos deportivos o festivales? ¿Cómo evolucionarán los espacios de trabajo a medida que los trabajadores regresen a la oficina, o si los trabajadores seguirán trabajando desde casa?

La pandemia de coronavirus tendrá un impacto duradero en todos estos comportamientos y la industria manufacturera no será la excepción. De hecho, muchas discusiones en la comunidad inmobiliaria con respecto a la crisis COVID-19 están empezando a recurrir a sus posibles efectos en la fabricación y manufactura. 

De acuerdo con Matt Brady, Vicepresidente Ejecutivo, y Andrés Galvis, Director Regional de Latinoamérica de la empresa de diseño Ware Malcomb, está claro que muchas empresas de Estados Unidos están examinando la manufactura más cerca de casa, es decir en México, lo que podría conducir a un resurgimiento del ‘nearshoring’.

Los Estados Unidos han confiado en México como un socio de fabricación sólido durante décadas. Sin embargo, a finales de la década de 1990 y principios de la década de 2000, muchos fabricantes recurrieron a China como una alternativa de menor costo. No obstante, como cualquier estrategia de negocio hubo pros y contras para la manufactura.

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Una de las desventajas que ha presentado la fabricación en China, es que después de un tiempo no era extraño encontrar un producto imitado en el mercado, por lo que no se garantiza la seguridad de la propiedad intelectual. Además, muy a menudo los precios de China eran tan bajos que las industrias estaban dispuestas a correr el riesgo de pérdida de propiedad intelectual a largo plazo para los beneficios inmediatos. 

En 2015 los costos de mano de obra chino aumentaron, y el precio de los productos construidos chinos también, ya que se permitió ajustarse a las fuerzas del mercado. Otro factor que también ha afectado es que la ubicación, debido a la velocidad de comercialización. Las mercancías fabricadas en China pueden tardar de 30 a 40 días en transportarse a través de un barco a puertos concurridos en California o incluso más a través del Canal de Panamá o alrededor de Sudamérica. 

En contraste, los productos mexicanos se entregan fácil y rentablemente hacia el norte a través del ferrocarril. Por estas razones, los fabricantes en México comenzaron a argumentar los beneficios de la manufactura en el país en comparación con China.

Antes del surgimiento de COVID-19, la Administración de Trump trató de renegociar acuerdos comerciales con China y México, como resultado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue modificado con relativa rapidez y rebautizado como Acuerdo de los Estados Unidos para México (USMCA). La finalización de este acuerdo eliminó la incertidumbre de trabajar con México y Canadá para empresas estadounidenses. 

China, por otra parte, sigue envuelta en una guerra comercial con elevados aranceles que siguen transformando o eliminando drásticamente los beneficios de su producción frente a otras alternativas. Recientemente, el tipo de cambio del dólar estadounidense al peso ha hecho que la fabricación mexicana sea aún más atractiva. 

La rápida expansión global de COVID-19 ha sido la gota que derramó el vaso, ya que  China entró en un bloqueo extremo y la producción de fábricas se redujo o se detuvo severamente; asimismo, el envío. Un ejemplo de esto fue la producción de las codiciadas máscaras N95 necesarias en todo el mundo. 

La dependencia de la cadena de suministro en China puso de relieve una debilidad para muchas organizaciones estadounidenses y globales. Para algunas empresas, una interrupción como COVID-19 puede significar un alto a todo su flujo de producción. No obstante, las firmas que producen en varios países tienen la ventaja estratégica de trasladar su producción a otras bases de fabricación, por lo que varias empresas empiezan a adoptar dicha táctica para mantenerse competitivas en tiempos turbulentos. 

Para muchas compañías, no se trata de eliminar la producción china, sino de diversificar su cadena de suministro. Si bien, México no es la única alternativa, ofrece proximidad a los mercados estadounidenses, una fuerza de trabajo joven con salarios competitivos y protección de la propiedad intelectual. Esto lo convierte en uno de los principales contendientes como una opción de fabricación.

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