La eficiencia de un inmueble ya no depende únicamente de cuánto consume de energía. En ciudades sometidas a una mayor presión sobre sus recursos hídricos, reducir la demanda de agua potable, detectar fugas y reincorporar agua tratada a las operaciones comienza a formar parte de la gestión de largo plazo de los activos inmobiliarios.
Fibra Uno (FUNO) reportó una reducción cercana a 64% en el consumo de agua por metro cuadrado ocupado de su portafolio desde 2018.
Además, alcanzó un avance de 41% hacia su meta de reutilizar 30% de sus aguas residuales para 2030, una estrategia que combina infraestructura de tratamiento, monitoreo y medidas para disminuir el consumo.
Tratar el agua para volver a utilizarla
Durante 2025, FUNO trató 580,570 m³ de agua mediante 66 Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) distribuidas entre los inmuebles de su portafolio. De acuerdo con el fideicomiso, ese volumen equivale aproximadamente a 232 albercas olímpicas.
Parte del recurso tratado vuelve a utilizarse en actividades que no requieren agua potable, principalmente en sanitarios y riego de áreas verdes. El volumen restante se descarga después de ser tratado a la red de alcantarillado, reduciendo la carga contaminante asociada a las aguas residuales generadas por los inmuebles.
“La eficiencia hídrica requiere acciones concretas y consistentes. En FUNO estamos integrando infraestructura, tecnología y disciplina operativa para reducir consumos, prevenir fugas y ampliar el reúso del agua, con una visión de largo plazo que contribuya a la resiliencia de nuestros inmuebles”, afirmó Gonzalo Robina, director general adjunto de Fibra Uno.
La estrategia también considera la rehabilitación y optimización de las plantas de tratamiento existentes. Además de cumplir con la regulación aplicable para las descargas, el tratamiento en sitio crea la posibilidad de incorporar nuevamente parte del recurso al ciclo operativo del inmueble y reducir la necesidad de utilizar agua potable en actividades donde no es indispensable.
¿Por qué importa el consumo de agua durante la operación de un edificio?
El impacto ambiental de los edificios no termina cuando concluye su construcción. Durante décadas de operación, oficinas, centros comerciales, hoteles y otros activos necesitan agua para sanitarios, sistemas de climatización, limpieza, áreas verdes y diferentes servicios relacionados con sus usuarios.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) identifica precisamente a los sanitarios, los sistemas de calefacción y enfriamiento y el paisajismo entre los principales usos de agua de los edificios de oficinas.
Para propietarios y administradores, esto significa que una parte relevante del consumo puede gestionarse desde la operación diaria del inmueble mediante mejores equipos, mantenimiento y monitoreo.
La eficiencia también tiene una dimensión energética. El sistema LEED v5 para edificios en operación y mantenimiento vincula expresamente la reducción del consumo de agua potable con una menor utilización de energía y menores emisiones asociadas al tratamiento y distribución del recurso.
Medir primero para reducir después
Uno de los componentes de la estrategia de FUNO es el monitoreo permanente de los consumos. La incorporación de mecanismos de seguimiento permite identificar variaciones que pueden anticipar fugas, equipos con problemas o comportamientos atípicos antes de que representen pérdidas mayores.
La lógica coincide con las prácticas recomendadas para inmuebles comerciales: medir y analizar periódicamente el consumo permite identificar patrones estacionales y localizar instalaciones o equipos que utilizan cantidades de agua superiores a las esperadas.
FUNO también ha incorporado mobiliario hidrosanitario de bajo consumo, incluyendo WC, mingitorios y grifos, además de programas de mantenimiento preventivo e inspecciones periódicas. A ello se agregan soluciones de captación pluvial y medidas destinadas a optimizar los sistemas de drenaje de sus propiedades.
Eficiencia hídrica, un factor para la resiliencia inmobiliaria
La discusión adquiere otra dimensión en ciudades donde la disponibilidad del recurso es cada vez más sensible. En enero de 2026, el Banco Mundial advirtió que las sequías ya están modificando la manera en que América Latina vive, trabaja y planifica, y recordó las fuertes presiones que enfrentó la Ciudad de México durante la crisis hídrica de 2024.
Para el sector inmobiliario, esta situación obliga a observar el agua no solamente como un servicio público disponible para el inmueble, sino como un recurso que debe administrarse durante toda la vida útil del activo. La capacidad de medir consumos, corregir fugas, utilizar equipos eficientes y tratar agua para usos no potables reduce la presión que genera cada propiedad sobre la infraestructura urbana.
El siguiente reto de FUNO será ampliar estas soluciones en un portafolio de gran escala. Alcanzar su objetivo de reutilizar 30% de las aguas residuales hacia 2030 implicaría incrementar la cantidad de agua que puede utilizarse más de una vez antes de salir de la operación de sus inmuebles.
En un mercado inmobiliario donde energía, emisiones y certificaciones han concentrado buena parte de la conversación ASG, el agua empieza a ocupar un espacio propio. Para propietarios y administradores, reducir su consumo puede significar menor dependencia del suministro potable, mayor capacidad de respuesta ante periodos de escasez y una operación más eficiente; para las ciudades, significa disminuir la presión que cada edificio ejerce sobre un recurso cuya disponibilidad ya no puede darse por sentada.


