El pasado 3 de marzo de 2020, la OMS emitió un comunicado donde detalla las medidas preventivas que se deberán implementar en los centros de trabajo con la intención de inhibir los posibles contagios de COVID-19. 

En primer lugar está mantener limpio e higiénico el espacio de trabajo, desde mesas, teléfonos, teclados y otras superficies, las cuales deben ser limpiadas y desinfectadas constantemente.

Además se deben colocar dispensadores de gel antibacterial en varios puntos del lugar, promoviendo que tanto los colaboradores como los visitantes se laven constantemente las manos.

Los sanitarios deberán estar equipados con jabón antibacteriano y agua limpia; asimismo el centro de trabajo deberá contar con cubrebocas y pañuelos desechables para personas que presenten flujo nasal o tos.

En caso de brote de COVID-19 en la ciudad, cualquier persona con incluso tos leve constante o fiebre leve deberá abstenerse de presentarse en el centro de trabajo; y en caso de que un trabajador sea diagnosticado con coronavirus deberá informar sobre la situación al patrón y permanecer en cuarentena.

¿Qué pasa si derivada la declaración de emergencia sanitaria se ordena una suspensión laboral?

La Ley Federal del Trabajo, prevé una suspensión temporal de labores por el tiempo que dure la declaración de emergencia. En ese tiempo el trabajador no tendrá la obligación de trabajar y el patrón no tendrá que hacer el pago de los salarios correspondientes; sin embargo, tendrán que pagar a cada uno de sus trabajadores una indemnización equivalente a un salario mínimo por cada día que permanezca la suspensión de labores, hasta por un periodo de un mes.  

En la eventual declaración de una emergencia sanitaria por parte de la Secretaría de Salud que no implique suspensión de labores, las mujeres en estado de embarazo o lactancia no deberán de trabajar, estando obligado el patrón a cubrir su salario y prestaciones normales por el tiempo que dure la contingencia.