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Retail de resistencia

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La experiencia del usuario ha sido, en los últimos años, el mantra para el diseño de los espacios de retail y ocio. La competencia feroz del e-commerce y la aparición de nuevos perfiles de cliente, más exigentes e individualistas, ha llevado a que los promotores y operadores intenten ofrecer experiencias memorables antes que productos; la búsqueda de la sorpresa y el placer inmediato han pasado al centro del debate por delante del proceso de la compra.

Sin embargo, hace unas semanas el mundo cambió de golpe, de la noche a la mañana, nadie podía, ni quería salir de casa. Hacer compras se convirtió en una actividad estresante e inserta en un entorno hostil. En este escenario distópico, donde sólo los supermercados y algunos servicios esenciales permanecían abiertos, nuestra preocupación principal era usar correctamente la mascarilla y el gel antibacterial, así como limpiar bien los productos al llegar a casa. 

Mientras despertamos de esta pesadilla colectiva, nos preguntamos si todo va a quedar en el mal sueño de una noche y podremos retomar nuestros debates sobre el retail futuro y la experiencia del cliente en la ahora bautizada como “nueva normalidad”, o si se impondrá un futuro menos amable, con crisis sanitarias sucesivas y cierres temporales o parciales de los espacios comerciales, en el que la experiencia del usuario sea un aspecto irrelevante.

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La crisis económica, con un impacto enorme y desigual en función de los distintos niveles de renta, es ya una realidad preocupante. Nuestra misión como arquitectos es analizar cómo resolver el diseño de espacios para retail y ocio en ese escenario.

Los negocios más resilientes, como los de primera necesidad (supermercados, farmacias, gasolineras), han permanecido abiertos desde el inicio del confinamiento e incluso, en algún caso, con más actividad de lo habitual. En fases posteriores se ha permitido la apertura controlada de locales de conveniencia, moda, servicios y restauración en exteriores. Sólo en etapas avanzadas ha sido posible reabrir centros comerciales climatizados o locales de ocio, sin tener demasiado claro cuándo se debe permitir la vuelta a la actividad de cines y teatros.

¿Cuál sería el modelo ideal en circunstancias normales y en tiempos de crisis sanitaria? 

El desarrollo “a prueba de pandemias” debería ser un centro comercial urbano abierto, con un mix revisado, que incluya mayor proporción de locales pequeños en ámbitos bien diferenciados y con funcionamiento independiente de cada tienda (ello permitiría abrir a cada local de forma individual, con acceso directo desde el exterior). En él adquieren importancia el supermercado y las tiendas de conveniencia, mientras que las zonas de restauración y ocio estarían relativamente segregadas.

Los espacios peatonales abiertos cobran importancia al tener que proporcionar un entorno suficientemente seguro y amplio para que existan zonas de espera en el exterior de los comercios. El coche privado virtualmente desaparece de estas zonas principales, aunque deberán existir mecanismos que permitan integrar el modelo de compra en coche tipo click & collect

Por Eduardo Solana Hernández

Arquitecto – LEED AP – Asesor BREEAM ES – Associate Architect en Broadway Malyan

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Demanda del subsector comercial disminuyó 34% en 2020

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Uno de los sectores que se ha visto más afectado es el del retail. Por segunda ocasión varios comercios han tenido que bajar sus cortinas a causa de la pandemia del Covid-19, entidades  como Ciudad de México y Estado de México se encuentran en semáforo rojo por lo que algunas actividades no esenciales han tenido que frenar. 

De acuerdo con el Reporte Inmobiliario 2020 de Lamudi, se ha observado que la demanda, a nivel digital, del subsector comercial disminuyó 34%, esto refleja que es uno de los sectores que más ha sufrido los estragos de la emergencia sanitaria. 

Durante el segundo trimestre del año, en donde dio inicio la pandemia en México, se calculó el cierre de al menos 2 mil 500 locales de centros comerciales; tan sólo en la capital del país se reportó que de abril a septiembre cerraron 335 locales dentro de las plazas. 

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Según el comunicado, algunos experto del sector inmobiliario han expresado que han visto una tendencia de marcas de lujo de dejar sus tiendas como en Polanco, a diferencia de las marcas que todavía permanecen en el corredor comercial del Centro Histórico, en donde se ha tratado de mantener el flujo, esto debido a la reactivación más rápido de la economía local, al menos esas eran las proyecciones días antes al nuevo confinamiento. 

Las tiendas de lujo han sido las más afectadas porque son bienes que no son de primera necesidad e incluso se puede hacer las compras a través de internet, que es un modelo de negocios que aceleró su crecimiento por la pandemia; y se ha dado a conocer que las avenidas que se reconocen por su oferta comercial, en la última década, como Masaryk, en Polanco, Madero en el Centro Histórico, Altavista o Santa Fe, actualmente se están enfrentando a un alto nivel de desocupación y en algunos casos reducciones en las rentas de entre el 15 y 20 por ciento” comentó Daniel Narváez, Marketing VP de Lamudi.

Según datos de la plataforma inmobiliaria, el precio de los locales en venta en Polanco oscilan entre 1 millón 500 mil hasta 20 millones; en tanto que en renta los costos van desde 150 dólares hasta 12 mil dólares, dependiendo de su ubicación y tamaño, que en promedio están en 150 m2

En el Centro histórico, los locales comerciales los precios en venta van desde 1 millón hasta 7 millones de pesos, y de renta son de 4 mil hasta 100 mil pesos, que son proporcionados dependiendo de los metros cuadrados y la ubicación.

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