Toys “R” Us revive, pero el retail ya no perdona

Toys “R” Us regresó en formato pop-up, pero su historia explica por qué una marca gigante puede morir por deuda y ejecución. Para landlords y operadores, el caso deja una lección incómoda: el ancla ya no vale por logo, vale por flujo de caja y absorción.

Toys “R” Us fue un monstruo del retail: llegó a controlar cerca de una cuarta parte del mercado de juguetes. Aun así, terminó en liquidación total en 2018.

El regreso de 2025 con tiendas temporales en malls no es un regreso “a la antigua”. Es un experimento de demanda con un modelo más ligero, más flexible y más barato en capital.

Para real estate comercial, el caso importa por una razón simple: cuando el costo de capital sube, el formato se encoge.

La deuda no mata marcas, mata margen de maniobra

En 2005, un consorcio de private equity compró Toys “R” Us por USD 6,600 millones y la sacó de bolsa. El problema no fue solo “tener deuda”. Fue cargar deuda con un negocio que ya empezaba a perder tracción frente a big-box y ecommerce.

Retail físico aguanta ciclos cuando puede ajustar rápido: inventario, renta, operación, capex. Con una estructura financiera rígida, cada ajuste llega tarde y cuesta más.

Eso pegó directo en lo inmobiliario: tiendas grandes, operación pesada, rentas relevantes y necesidad constante de reinvertir para seguir siendo destino.

Walmart y Target ganaron el piso, Amazon ganó la rutina

La competencia no llegó con una sola bala. Llegó con varias.

Walmart ya había superado a Toys “R” Us como el mayor vendedor de juguetes en Estados Unidos desde finales de los noventa, según reportes citados por medios estadounidenses. En paralelo, el ecommerce convirtió la compra de juguetes en hábito digital.

Toys “R” Us intentó ponerse al día con adquisiciones online, incluyendo la compra de eToys.com y Toys.com en 2009. Ese mismo año hizo M&A para “recuperar narrativa” y portafolio al comprar KB Toys y F.A.O. Schwarz.

El movimiento sonó grande. Pero no resolvió lo que importa en retail: rotación, margen y frecuencia.

El 2018 dejó un hueco inmobiliario más grande que el logo

La cadena se fue a Chapter 11 en septiembre de 2017. En marzo de 2018 anunció la liquidación y el cierre permanente de más de 700 tiendas en Estados Unidos, con impacto en alrededor de 33,000 empleos.

En real estate, eso se traduce en tres costos inmediatos:

  • Vacancia grande y cara de absorber
  • Remodelaciones para reconfigurar cajas sobredimensionadas
  • Repricing del activo porque el NOI se rompe y el cap rate se reevalúa

Cap rate es la tasa que relaciona ingreso operativo neto (NOI) con valor del activo. Cuando el NOI cae o se vuelve incierto, la valuación tiende a ajustarse.

La marca sobrevivió, el modelo se volvió prestado

Desde que cerró operaciones, Toys “R” Us ha probado varias resurrecciones.

En 2019, Tru Kids Brands compró los derechos de la marca y del personaje Geoffrey. Después vinieron esfuerzos con presencia física y digital, pero con un patrón constante: menos control operativo y más alianzas.

En 2020, tras terminar su relación con Target, la marca se apoyó en Amazon como socio de fulfillment, según Business Insider.

En 2022, regresó al piso de venta con espacios dentro de Macy’s.

En 2025, el regreso más visible vino con pop-ups en malls y nuevas tiendas operadas bajo un esquema de gestión de marca y retail partners.

Los números que sí están sobre la mesa

Estos datos son públicos y los reportan medios y comunicados de las compañías:

  • Compra de private equity por USD 6,600 millones (2005)
  • Chapter 11 (septiembre 2017) y liquidación (marzo 2018)
  • Cierre de más de 700 tiendas en Estados Unidos (2018)
  • Impacto de alrededor de 33,000 empleos (2018)
  • Alianzas digitales con terceros, incluyendo Amazon como fulfillment partner (2020)
  • Tiendas dentro de Macy’s a nivel nacional (2022)
  • Pop-ups en malls durante la temporada (2025)

Lo que no está claro en fuentes públicas: rentabilidad por formato, rentas pagadas en pop-ups, y el verdadero desempeño de venta por m². Ese dato cambiaría la lectura porque separa “nostalgia rentable” de “activación de marketing”.

Lo que se puede copiar en México y LATAM y lo que no

Este caso no se trata de juguetes. Se trata de estructura y ejecución.

Para desarrolladores, fondos y operadores de centros comerciales, el takeaway es brutal:

La demanda puede existir y aun así el inquilino puede quebrar.

Dos palancas mandan.

La primera es costo de capital. Si financiar inventario, operación y capex se vuelve más caro, el formato necesita ser más flexible. Los pop-ups y los store-in-store existen porque bajan riesgo y aceleran aprendizaje.

La segunda es absorción. Absorción es la velocidad a la que el mercado “se come” el espacio disponible. Si tu caja es grande y tu tráfico cae, absorberla de nuevo se vuelve un proyecto, no un trámite.

Lo que sí se ve replicable en la región:

  • Contratos más cortos con rentas variables ligadas a venta real
  • Espacios modulares para temporadas altas sin comprometer GLA todo el año
  • Anclas híbridas que mezclen experiencia, recogida, devoluciones y eventos
  • Reconfiguración de grandes cajas hacia múltiple inquilino, no “reemplazo 1 a 1”

Lo que no conviene romantizar:

  • Creer que una marca sola “levanta” un centro comercial
  • Firmar plazos largos sin un plan de reinversión y productividad por m²
  • Confundir tráfico con conversión

El regreso se valida con caja, no con ruido

Si Toys “R” Us quiere dejar de ser marca zombie, necesita señales duras.

Señales que confirmarían un regreso real:

  • Ventas sostenidas fuera de temporada
  • Expansión de tiendas permanentes con economics claros por m²
  • Capacidad de repetir tráfico sin depender de nostalgia

Señales que romperían el escenario:

  • Pop-ups que solo funcionan en holiday y se apagan en enero
  • Surtido genérico que compite por precio contra gigantes
  • Estrategia basada en licencias sin músculo operativo

El cierre para real estate es directo:

El retail físico no murió, pero dejó de perdonar modelos caros.