La segunda vida de las baterías de VE ya toca la puerta del almacenamiento
La discusión sobre baterías suele arrancar en la compra del vehículo y terminar en el reciclaje. VEMO y REMSA proponen una etapa intermedia con lógica de negocio: reutilizar baterías de vehículos eléctricos (VE) al final de su vida “automotriz” como bancos de almacenamiento estacionario, incluyendo aplicaciones en electrolineras. La idea no es romántica ni automática. Exige diagnóstico, clasificación y criterios robustos de seguridad.
Para México, donde la infraestructura de recarga crece y los picos de demanda cuestan, la pregunta no es “si suena bien”. Es si el modelo se puede operar con trazabilidad, cumplimiento y desempeño estable.
El hecho: baterías que ya no sirven para un auto, sí podrían servir para un sitio
De acuerdo con una investigación de VEMO y REMSA, algunas baterías que llegan al final de su vida útil en un VE todavía conservan capacidad remanente suficiente para integrarse en bancos de almacenamiento. El documento menciona como referencia que a menudo se habla de un rango de 70–80% de capacidad para “segunda vida”, pero también deja claro que el umbral real depende del historial de uso, química, diseño y condición del sistema.
Ese matiz importa porque define el filtro de entrada. No todas las baterías califican. Y si no califican, no hay historia que vender: hay riesgo operativo.
La lectura: el valor no está en la batería, está en el uso que habilita
El texto describe que estas baterías pueden reutilizarse en soluciones BESS (Battery Energy Storage Systems) para tres usos principales: respaldo, gestión de demanda y arbitraje, e integración con renovables.
Lo interesante es el arbitraje energético, explicado de forma directa: el sistema se recarga cuando la electricidad es más barata (horas de menor demanda) y descarga cuando el costo es mayor.
En infraestructura de recarga y operación de flotas, el documento apunta que estos esquemas pueden representar ahorros importantes, especialmente si la energía proviene de fuentes renovables.
Hasta aquí la tesis es clara: la “segunda vida” no compite por narrativa ESG. Compite por desempeño y por capacidad de reducir fricción operativa en sitios donde la energía se vuelve cuello de botella.
Cómo funciona un banco de almacenamiento cuando lo aterrizas a ingeniería
VEMO y REMSA describen la arquitectura base de un banco de almacenamiento: integra módulos o baterías, un sistema de conversión de potencia (inversores o convertidores) e instrumentos de control y monitoreo para almacenar y entregar energía según lo que el sitio requiere.
Esa frase tiene implicaciones prácticas:
- Si no tienes conversión y control bien integrados, no tienes “banco”. Tienes riesgo.
- El monitoreo no es nice to have. Es parte del producto.
Para electrolineras, esto se vuelve especialmente sensible porque la carga rápida concentra demanda en ventanas cortas. La batería estacionaria puede suavizar esa curva. El documento no promete milagros. Solo plantea el uso potencial bajo condiciones correctas.
Qué revisar antes de apostar por “segunda vida” en un proyecto
El documento insiste en una idea que muchos quieren saltarse: la viabilidad técnica depende del estado de salud (SOH), la química, el diseño del pack y la capacidad de gestionar y monitorear el sistema de forma segura. Reutilizar no es “conectar y listo”. Requiere trabajo técnico especializado para diagnóstico, integración y aseguramiento de parámetros de operación segura.
Un checklist operativo, basado estrictamente en lo que el texto marca, se ve así:
- Diagnóstico y clasificación del sistema antes de cualquier integración.
- Criterios robustos de seguridad como condición de entrada.
- Capacidad real remanente evaluada contra el uso estacionario específico, no contra el estándar del auto.
- Diseño de integración con conversión de potencia y control/monitoreo adecuados.
Si falta cualquiera de estas piezas, el modelo deja de ser “economía circular” y se convierte en un problema de riesgo.
Qué podría salir mal: cumplimiento, residuos y reputación
VEMO y REMSA subrayan que el manejo al final de vida, la reutilización o el reciclaje deben ejecutarse con manejo responsable y conforme al marco aplicable. En México, el documento menciona la NOM-052-SEMARNAT-2005 para la identificación de si un residuo es peligroso, y la LGPGIR como marco que establece obligaciones y criterios generales para el manejo integral de residuos, incluyendo disposiciones de almacenamiento y prevención de riesgos.
En términos de negocio, esto pone dos límites duros:
- No basta con “reusar”. Hay que documentar y trazar.
- Si el proyecto se brinca cumplimiento y seguridad, el golpe no solo es técnico. Es reputacional y potencialmente legal.
Aquí es donde muchos pilotos mueren: el capex de hacer esto bien compite contra la tentación de hacerlo rápido.
Economía circular, pero con dientes: dónde sí hay retorno
El documento plantea beneficios concretos cuando se implementa con criterios técnicos y de seguridad:
- Extender el ciclo de uso antes del reciclaje.
- Reducir presión sobre minerales críticos.
- Contribuir a reducir impactos asociados al ciclo de vida de la electromovilidad.
También fija un objetivo operativo que suena obvio, pero no se ejecuta solo: evitar que un activo con capacidad remanente se convierta prematuramente en residuo o termine bajo esquemas de manejo inadecuados. Extender vida útil de forma segura y trazable permite capturar valor antes del reciclaje.
Ese “valor” no vive en un comunicado. Vive en contratos, mantenimiento, operación y desempeño.
La implicación para México y LATAM: electrolineras y sitios con picos de demanda
El documento menciona electrolineras como caso de uso y habla de respaldo, gestión de demanda y renovables como aplicaciones estacionarias. En México y LATAM, la lectura inmediata es que los proyectos que concentran carga eléctrica o sufren picos tienen más incentivo para explorar BESS.
No porque sea “tendencia”, sino porque te puede dar:
- Respaldo cuando la operación no puede parar.
- Flexibilidad para consumir energía en horarios de menor costo vía arbitraje.
- Integración más lógica con generación renovable en sitio, cuando aplica.
La condición sigue siendo la misma: sin diagnóstico, seguridad y cumplimiento, el caso se cae.
Cierre: la oportunidad es real, el filtro también
VEMO y REMSA ponen la conversación donde debe estar: una batería “cansada” para automotriz no necesariamente es basura. Puede ser un activo estacionario si pasa por evaluación técnica y se integra con criterios robustos de seguridad.
El mercado que gane no será el que lo anuncie más fuerte. Será el que lo opere con trazabilidad y sin improvisación. Y eso, en energía, casi siempre es la diferencia entre un proyecto replicable y un piloto que nadie quiere heredar.