La bolsa mexicana arrancó 2026 con una verdad incómoda: el mercado no está para comprar por reflejo. Está para elegir con bisturí.
En la semana que concluyó el 2 de enero, una cartera local de referencia cayó -1.80%, pero aun así superó al S&P BMV IPC (-2.28%).
La diferencia no es un trofeo. Es una señal de régimen: los resultados se empiezan a separar por selección, no por el movimiento general del índice.
El metal marca el ritmo y el dinero se vuelve impaciente
El cierre de 2025 dejó a los metales como protagonista, y el arranque de año no cambió la historia. La volatilidad volvió a enmarcar el tono del mercado y el impulso de PEÑOLES ayudó a los rendimientos positivos al cierre de diciembre, antes de una toma de utilidades que empujó el rendimiento semanal a terreno negativo.
Cuando el mercado opera así, el apetito se vuelve táctico:
- se entra por tema
- se sale por precio
- se castiga la duda más que la mala noticia
En ese entorno, la paciencia cuesta. Y la paciencia suele ser el activo más rentable.
La geopolítica se cuela por la puerta de atrás
A la volatilidad por activos específicos se sumó ruido geopolítico al inicio de la semana por la situación en Venezuela.
En real estate, estos shocks rara vez llegan como titular directo. Llegan como fricción operativa:
- spreads de crédito que se ensanchan
- comités que alargan tiempos
- tipo de cambio que pega en insumos importados
- apetito por riesgo que se enfría
La lección es simple: cuando sube la incertidumbre, el costo del dinero manda.
La gran apuesta del mercado: tasas a la baja, múltiplos más altos
La premisa dominante para 2026 ya está sobre la mesa: un sesgo positivo que se podría extender con menores tasas de interés, mayor apetito por emergentes y valuaciones que sigan justificando mayores múltiplos.
Eso suena bien. Y puede pasar.
El problema es que esa narrativa suele venir con una trampa: el precio se adelanta al escenario. El mismo material lo reconoce: algunas valuaciones lucen adelantadas.
Para el inversionista serio, la pregunta no es “¿van a bajar tasas?”.
La pregunta es “¿cuánto de esa baja ya está descontada en el precio?”.
2025 dejó un ancla mental peligrosa
El año previo fue fuerte. Esa cartera terminó 2025 510 pb por encima de su referencia.
En el comparativo anual aparece con 34.97% vs 29.88% del benchmark.
Ese tipo de números crea una expectativa automática: “si el año pasado fue así, este también”.
Ahí es donde muchos se equivocan. El mismo enfoque advierte que no es previsible que los rendimientos elevados de 2025 se repliquen en 2026 en la bolsa local.
Traducción al mundo inmobiliario: después de un año de re-rating, el mercado se vuelve más estricto.
El dinero deja de pagar historias. Paga ejecución.
Lo que sumó y restó: radiografía del mercado en modo “quirúrgico”
El desempeño semanal trae una pista directa del estilo de mercado:
- sumó valor: liquidez en portafolio y no tener PEÑOLES
- restó valor: no tener Q y la apuesta activa en ALSEA
Dos lecturas accionables para 2026:
1) La liquidez cuenta como posición.
No es flojera, es opcionalidad. En mercados nerviosos, el cash compra timing y reduce errores.
2) La dispersión manda.
Un par de emisoras te cambian el resultado. Eso pasa cuando el mercado ya no camina parejo y el “alpha” pesa más que el “beta”.
La estrategia se mantiene, porque el problema no es el rumbo: es el precio de entrada
La postura táctica se mantuvo sin cambios.
Eso no es pasividad. Es disciplina: no ajustar por ruido cuando el diagnóstico no cambió.
En real estate, el equivalente es no perseguir operaciones por ansiedad. En ciclos con valuaciones tensas, la presión real no está en “hacer deal”, está en no pagar de más.
Puente directo a real estate: dos palancas que definen retornos en 2026
1) Financiamiento y costo de capital
Si las tasas bajan, se abren ventanas:
- proyectos que hoy no cierran, vuelven a ser viables
- el inversionista acepta menor retorno “seguro” y busca alternativas
- las valuaciones se estiran… si hay liquidez real
Pero el mismo marco del mercado avisa: hay valuaciones adelantadas.
En bienes raíces eso se ve como cap rates comprimidos con supuestos frágiles.
Aquí no hay magia: tasas más bajas ayudan, pero no perdonan un underwriting flojo.
2) Costos de construcción y volatilidad de insumos
Cuando el metal se mueve fuerte, el costo de construir deja de ser cifra y se vuelve riesgo.
Industrial y logística (estructura, claros, techumbre) lo sienten primero.
Vivienda vertical lo paga en instalaciones, elevadores y calendarización.
Retail lo sufre en tiempos: el retraso cuesta más que el “ahorro” en acabados.
El mercado accionario, con su reacción a metales y toma de utilidades, está reflejando una realidad operativa: el margen se rompe en el presupuesto y en el calendario, no en la presentación.
Lo que falta y por qué importa
El material menciona “principales posiciones” de la cartera, pero en el contenido disponible no aparece el desglose.
Sin esa información, no se puede evaluar concentración, exposición sectorial o el peso real de cada apuesta.
Para lectura editorial, eso no invalida el diagnóstico, pero sí limita la profundidad del “por qué” detrás del rendimiento.
Señales a vigilar en 2026: lo que confirma y lo que rompe el escenario
Señales que confirmarían un año constructivo:
- bajas de tasas que se traduzcan en menor costo efectivo de financiamiento
- apetito sostenido por emergentes, no solo rebote de inicio de año
- volatilidad de metales en rangos operables
Señales que romperían el escenario:
- corrección de valuaciones adelantadas
- tensiones geopolíticas que aumenten volatilidad y sequen liquidez
- toma de utilidades que se vuelva tendencia, no episodio
2026 no se trata de adivinar el mercado. Se trata de no pagar hoy un futuro que todavía no se ganó.