En 2024, la inversión extranjera directa global alcanzó cerca de 1.5 billones de dólares, pero con una caída real si se excluyen flujos financieros atípicos, reflejando un entorno más selectivo y cauteloso.
Ese contexto cambia la lógica: cuando el capital escasea, la fricción importa más que el tamaño del mercado. Y ahí es donde se redefine qué países capturan inversión.
Lo que buscan las empresas ya no es solo costo, es certidumbre
El World Investment Report 2025 de UNCTAD identifica un cambio estructural en la toma de decisiones:
Las empresas priorizan:
- transparencia regulatoria
- procesos de inversión simplificados (one-stop shops)
- certeza legal y protección al inversionista
- facilidad para operar y escalar
Esto se traduce en algo concreto: la inversión ya no responde únicamente a incentivos fiscales o mano de obra barata, sino que responde a la capacidad de ejecutar.
El mismo reporte señala que 78% de las medidas recientes a nivel global están orientadas a facilitar inversión, especialmente en economías desarrolladas. Los países compiten por hacer más fácil la operación, no solo por atraer capital.
La inversión se está concentrando en menos países
El análisis muestra que:
- la inversión digital —uno de los motores actuales— se concentra en pocos países
- muchas economías quedan fuera de estos flujos
Esto refleja una tendencia:
el capital se dirige hacia mercados donde puede operar con menor riesgo y mayor previsibilidad
Estados Unidos: el mercado más grande y el más operable
En este contexto, Estados Unidos mantiene una posición dominante.
De acuerdo con UNCTAD:
- sigue siendo el mayor receptor y emisor de inversión extranjera a nivel global
Esto no se explica solo por tamaño. Se explica por tres factores estructurales:
1) Certidumbre institucional
El sistema legal y regulatorio permite:
- protección de inversión
- claridad en reglas
- mecanismos de resolución
Esto reduce el riesgo operativo.
2) Escala + infraestructura
Estados Unidos combina:
- mercado interno profundo
- infraestructura logística
- ecosistema financiero
Eso permite a las empresas escalar sin cambiar de país.
3) Capacidad de ejecución
Los procesos administrativos y regulatorios, aunque complejos, son:
- predecibles
- estructurados
- estandarizados
En un entorno global incierto, esa previsibilidad pesa más que incentivos aislados.
La nueva variable: riesgo geopolítico
El mismo reporte advierte que:
- tensiones geopolíticas
- restricciones regulatorias
- controles a la inversión
están redefiniendo los flujos globales.
Esto introduce un cambio clave, las empresas no solo evalúan retorno, evalúan riesgo sistémico.
Y eso favorece a mercados con estabilidad institucional, reglas claras y menor volatilidad regulatoria.
Qué están optimizando realmente las empresas
Las empresas están optimizando tres cosas:
1. Tiempo de ejecución
Cuánto tardan en operar.
2. Certidumbre
Qué tan predecible es el entorno.
3. Escalabilidad
Qué tan fácil es crecer sin fricción.
El costo sigue siendo relevante. Pero ya no es decisivo.
El contraste con mercados emergentes
En muchas economías emergentes —incluyendo América Latina— el reto no es la falta de demanda.
Es la fricción:
- procesos largos
- incertidumbre regulatoria
- baja coordinación institucional
Esto limita la capacidad de capturar inversión, incluso cuando hay ventajas claras como ubicación, costos y recursos.
Se ha observado que para competir por inversión, no basta con nearshoring, costo laboral o ubicación geográfica; se requiere reducir la fricción administrativa, otorgar mayor certeza regulatoria y acelerar los procesos de instalación.
Las empresas ya no eligen ubicación solo por costo laboral o incentivos fiscales, sino por la capacidad del ecosistema inmobiliario para soportar operaciones integradas.
Esto incluye acceso a infraestructura logística eficiente, disponibilidad de espacios adaptables a modelos omnicanal y proximidad a nodos urbanos que faciliten la última milla.
En la práctica, el real estate se vuelve parte de la estrategia operativa: un país puede ser competitivo en manufactura o consumo, pero pierde atractivo si sus activos no permiten ejecutar con velocidad y visibilidad.
Para México y LATAM, la oportunidad es clara, pero no automática. Los corredores que combinan infraestructura industrial moderna, conectividad urbana y disponibilidad de talento capturan esa demanda.
El resto queda rezagado, no por falta de mercado, sino por falta de capacidad para integrarse a operaciones cada vez más complejas y dependientes de tiempo real.