Impuestos turísticos 2025-2026: la nueva caja para ciudades saturadas

De Venecia a Edimburgo, las ciudades están convirtiendo al turista en fuente fiscal para financiar infraestructura, vivienda y control de flujos.

El impuesto turístico ya es política urbana, no souvenir

Las ciudades más visitadas del mundo están mandando un mensaje simple: visitar también cuesta, y ya no se cobra solo “por quedarse”.

La nueva ola de cobros se parece menos a una tasa hotelera tradicional y más a una herramienta de gestión urbana: desincentivar picos, financiar servicios rebasados y, en algunos casos, amarrar parte del ingreso a vivienda o infraestructura.

El cambio relevante para real estate no es el monto aislado. Es el precedente: el turismo se está convirtiendo en base fiscal y palanca regulatoria, con diseño fino por temporada, por zona y por tipo de visitante.

La cifra que manda: ya se cobra por entrar y por bajar del barco

Venecia lo convirtió en un caso de manual. El Comune di Venezia definió para 2025 un “Contributo di Accesso” aplicable en 54 días no consecutivos, del 18 de abril al 27 de julio, enfocado en visitantes diarios mayores de 14 años. La recaudación la gestiona directamente el municipio a través de una plataforma digital con QR. 

Ecuador subió la apuesta en un destino ultra limitado por capacidad. El Consejo de Gobierno de Galápagos publica una tarifa de entrada al Parque Nacional de US$200 para visitantes internacionales mayores de 12 años (y US$100 para menores). La resolución citada en la misma página ancla el cobro como financiamiento para conservación y servicios en islas habitadas. 

Y Grecia se fue al punto donde más duele en saturación: el crucero. Un documento oficial en inglés del Government Gazette establece una cuota de crucero con estacionalidad, incluyendo EUR 20 en temporada alta para desembarco en Mykonos y Santorini. 

Esto importa por una razón: cuando el cobro se mueve del “pernocta” al “flujo”, el activo ya no compite solo por tarifa, sino por fricción total del destino.

Barcelona y el giro incómodo: turismo financiando vivienda

Cataluña formalizó algo que otras ciudades discuten en voz baja: ligar el turismo a la tensión habitacional. El Govern anunció un acuerdo para aplazar la entrada en vigor del ajuste de la tasa turística a octubre (vía decreto ley) y lo amarró a un paquete de política pública con componentes explícitos de vivienda y fiscalización. 

Además, documentos informativos sobre el impuesto y recargos municipales detallan que Barcelona amplía el límite del recargo (de 4 a 8 euros por estancia) y que se habilita un recargo municipal para el resto de municipios (hasta 4 euros), exigible a partir del 1 de octubre de 2025. 

Para el inversionista, el aprendizaje no es “sube la tasa”. Es que el destino empieza a tratar el turismo como fuente para resolver externalidades locales, incluida vivienda. Ese lenguaje abre la puerta a diseños más agresivos: recargos por zona, por temporada, por producto, y con destino específico del dinero.

Edimburgo: cuando el impuesto entra al underwriting con fecha y reglas

Escocia ya dio el marco legal. Y Edimburgo lo llevó a esquema operativo: un Visitor Levy de 5% sobre el costo del alojamiento pagado, con reglas que afectan caja y contratos (solo primeras 5 noches, base antes de VAT, y una fecha clara de arranque). El cobro aplicará para estancias a partir del 24 de julio de 2026, con una excepción importante: reservas pagadas total o parcialmente antes del 1 de octubre de 2025 no causan el levy. 

Esto es oro para capital institucional: previsibilidad. La ciudad define base, límite y transición. Si un mercado va a cobrar, así se vuelve “modelable”.

Kyoto: cobrarle más al lujo para financiar “turismo sostenible”

Kyoto puso por escrito la intención: asegurar recursos para políticas de “turismo sostenible” y ajustar equidad del cobro. En una página oficial, la ciudad detalla una revisión prevista desde marzo de 2026 con una tabla de cinco escalones que llega a 10,000 yen por persona por noche para tarifas altas (100,000 yen o más), manteniendo niveles bajos en rangos económicos. 

La lectura es directa: el destino protege elasticidad del segmento sensible a precio y carga el costo donde la demanda aguanta. Es un impuesto diseñado con lógica de revenue management, no de recaudación ciega.

La fricción empieza antes del destino: autorizaciones y fees “digitales”

La misma lógica se está filtrando al “acceso” regulatorio, incluso sin llamarlo impuesto turístico.

La Comisión Europea actualizó que ETIAS no está operativo aún, pero prevé iniciar operaciones en el último trimestre de 2026 y fija una tarifa de EUR 20

En Estados Unidos, CBP publicó que el sistema ESTA aplicará un nuevo monto de US$40 desde el 30 de septiembre de 2025. 

Para destinos y activos, eso significa una cosa: la “factura total del viaje” sube por capas. Y cuando sube por capas, el visitante se vuelve más sensible al valor percibido y menos tolerante a experiencias malas. Eso pega directo a reputación del destino, ADR y ocupación.

Qué haría un CFO con esto

Tres decisiones cambian en la mesa de inversión y operación:

  1. Tratar el impuesto como variable de demanda, no solo pass-through. En mercados con inventario abundante, el “lo paga el turista” es una fantasía contable. El precio final manda.
  2. Exigir trazabilidad del uso del ingreso cuando el destino lo promete. Si la narrativa es “infraestructura y vivienda”, la pregunta es: ¿quién ejecuta, con qué calendario y cómo se mide. Sin eso, el impuesto se vuelve riesgo político y no mejora el producto.
  3. Recalibrar riesgo regulatorio por tipo de flujo. Day-trippers, cruceros, short-term rentals y lujo ya están en la mira. El activo que dependa desproporcionadamente de uno de esos flujos carga más volatilidad.

Qué vigilar en 90 días

  • Cambios de reglas por temporada y por zona (no solo alzas generales): Venecia ya opera con calendario de días específicos. 
  • Earmarking formal del dinero: Cataluña lo está amarrando a paquetes más amplios de política pública local. 
  • Implementación digital y fiscalización: QR, portales, cobranza directa y excepciones contractuales (Edimburgo). 

Cierre: la señal real no es el impuesto, es el tipo de ciudad que viene

Cuando un destino cobra por entrar, por dormir y por desembarcar, está diciendo que su capacidad urbana ya es el recurso escaso.

Para México y LATAM, la pregunta no es si copiar el modelo. Es si se va a construir un modelo propio que financie infraestructura y ordene flujos sin matar demanda, y sin convertir la recaudación en un hoyo negro.

El turismo ya no se gestiona con promoción. Se gestiona con reglas, precio y ejecución pública medible. Y eso, para real estate, es el nuevo terreno de juego.