Malibu después del fuego: el capital compra lotes mientras los permisos se atascan

En Malibu, la reconstrucción avanza lento y el mercado ya abrió otra puerta: lotes quemados cambiando de manos. El riesgo real está en permisos, infraestructura y tiempo.

Malibu: cuando el capital compra el tiempo que la ciudad no puede acelerar

El incendio no solo quemó casas.

Quemó certidumbre.

Y cuando la certidumbre se va, el mercado hace lo que siempre hace: pone precio al riesgo… y alguien lo compra.

En Malibu, el “post-fuego” ya se ve en dos capas que chocan entre sí:

La primera es pública y lenta: permisos, Coastal Act, geotecnia, servicios, carretera.

La segunda es privada y rápida: transacciones de lotes frente al mar, con compradores que apuestan a que el tiempo se vuelve su ventaja.

La cifra que manda: 6,831 estructuras destruidas y un mercado que ya se reacomoda

En documentos públicos del City of Malibu sobre el Palisades Fire, Cal Fire confirmó 6,831 estructuras destruidas y 973 dañadas en el área afectada (Palisades y Malibu); el sitio también muestra un conteo de ciudad (“City number”) de 720

Ese tamaño de choque crea un fenómeno inevitable: parte de los propietarios no reconstruye.

Vende.

A un año del evento, el pulso de recuperación también enseña desigualdad y fricción. En un balance de The Wall Street Journal sobre la recuperación en Los Ángeles, una fracción de lotes ya cambió de manos y solo una parte de los hogares destruidos ha arrancado procesos de reconstrucción, con diferencias fuertes por zona, seguros y burocracia. 

Este es el punto clave para capital: la catástrofe no solo destruye inventario. También abre un “mercado secundario” de tierra traumatizada.

El nuevo cuello de botella: permisos y Coastal Act, no intención ni dinero

La conversación pública suele quedarse en “¿quién compra?” y “¿a qué precio?”.

La conversación que importa es otra: ¿cuánto tarda y bajo qué reglas se puede reconstruir?

De acuerdo con documentos públicos de la Ciudad de Malibu, el 27 de enero de 2025 el City Council adoptó una resolución para iniciar cambios al Local Coastal Program (LCP) y al código municipal, con el objetivo de agilizar reconstrucciones. Entre lo que exploran: permitir reconstrucciones like-for-like + 10% sin Coastal Development Permit en ciertos casos y ajustes para zonas de riesgo geológico. 

Eso suena bien.

Pero también reconoce una realidad dura: Malibu no es un suburbio plano con infraestructura robusta.

La propia ciudad describe el proceso como “particularmente complejo” por condiciones geológicas, caminos estrechos, acceso limitado a utilidades e impactos a PCH, además de la revisión sitio por sitio bajo regulación costera. 

En el sitio oficial Malibu Rebuilds, el marco regulatorio deja otra cosa clara: el LCP manda y define criterios de “like-for-like” y excepciones, pero no borra la complejidad técnica (incluye guías de riesgo, flood zones, y exigencias costeras). 

Traducción financiera:

El dinero compra tierra.

El dinero no compra tiempo regulatorio.

Cómo se reconfigura el capital: nueve compras en playa quemada como apuesta de underwriting

En este vacío de certidumbre, el capital oportunista no necesita tener razón en todo. Solo necesita tener razón en el “timing”.

En transacciones ligadas a lotes quemados en La Costa y Carbon Beach, se vinculó a Zuru Tech US LLC con nueve compras ocurridas entre marzo y la primera mitad de agosto de 2025, por un total reportado de US$65 millones, con precios individuales en un rango aproximado de US$5 millones a US$13.8 millones

El mercado no está comprando “ruinas”.

Está comprando una opción:

si destrabas permisos, ingeniería y ejecución, vuelves a crear producto premium en una costa donde el suelo no se reproduce.

Y por eso el comprador real no siempre es el que “ama Malibu”.

Es el que puede aguantar caja y fricción.

Riesgo dominante: el activo no es el lote, es el proceso

Aquí es donde muchos inversionistas se autoengañan con un Excel bonito.

El riesgo dominante en Malibu post-fuego no vive en el costo de la tierra. Vive en el “stack” de reconstrucción:

  • Permisos y definición de elegibilidad (qué califica como like-for-like, qué cambios activan revisiones adicionales). 
  • Geotecnia y coastal engineering (ladera, erosión, líneas de falla, sea-level rise, wave action). 
  • Infraestructura y logística (PCH, accesos, utilidades, tiempos de obra). 

Esto crea un trade-off inevitable:

Si compras barato por estrés del vendedor, pagas con tiempo.

Si compras caro con mayor certidumbre de proceso, reduces volatilidad de calendario.

El capital sofisticado no pregunta “¿cuánto cuesta?”.

Pregunta “¿cuánto tarda y qué lo puede detener?”.

Qué haría un CFO con esto

Tres movimientos que sí cambian decisiones. Sin romanticismo.

  1. Modela el calendario como riesgo financiero, no como detalle operativo. Si el proyecto depende de revisión sitio-específica, tu IRR puede morir por duración, no por costos directos. La ciudad reconoce esa complejidad y la necesidad de revisión detallada. 
  2. Estructura la compra como opción, no como certeza. Usa condiciones, etapas y gatillos claros: elegibilidad de rebuild, validación técnica temprana, y rutas de salida si el proceso se empantana.
  3. Compra narrativa solo si controlas ejecución. El mercado ya está comprando lotes con tesis de reconstrucción y tecnología constructiva, pero eso no sustituye permisos, ingeniería y cadena de suministro. Las transacciones existen; el resultado todavía no. 

Qué vigilar en 90 días: la señal que confirma si esto será “rebuild” o “land trade”

Monitorea tres señales, porque definen si el mercado se mueve a vivienda terminada o se queda en flipping de tierra.

  • Cadencia de permisos reales emitidos, no solo submittals. La ciudad marcó hitos (primer permiso y 100 submittals), pero el cuello de botella se mide en permisos que arrancan obra. 
  • Cambios efectivos al LCP y al código, con letra chica: qué exenta, qué acelera, qué sigue igual. 
  • Transacciones nuevas en zonas quemadas: si sube el volumen de ventas, confirma que más propietarios prefieren vender el problema en vez de vivirlo. 

Cierre: el dilema que se repite en cualquier costa cara

Malibu está mostrando una verdad incómoda.

Después de un desastre, el mercado no espera a que el gobierno “organice” la recuperación.

El mercado arbitra tiempo, estrés y burocracia.

Para México y LATAM, la lección no es copiar Malibu.

Es entender el patrón:

Si el Estado no acelera reglas y ventanillas con precisión quirúrgica, el capital compra la pausa.

Y cuando el capital compra la pausa, el resultado no siempre es reconstrucción. A veces solo es una nueva tabla de precios sobre cenizas.