La industria del mobiliario está atada al ciclo de vivienda. Cuando el mercado inmobiliario se enfría y las familias se preocupan por sus finanzas, el consumo se reduce a lo estrictamente necesario.
En Estados Unidos, la demanda de muebles se mueve casi al ritmo de las cifras de vivienda. Los datos recientes apuntan a una desaceleración clara: las ventas de viviendas unifamiliares nuevas cayeron 13.7% en mayo de 2025 y se ubicaron 6.3% por debajo del mismo mes de 2024. Las ventas de vivienda existente bajaron 0.5% en abril de 2025 y 2% frente al año anterior.
Del lado de la actividad de mercado, Redfin reportó caídas en nuevos listados (-1.7% interanual) y en ventas pendientes (-4.1%), junto con un mayor tiempo entre salida al mercado y firma de contrato, alrededor de 52 días en algunas muestras. Al mismo tiempo, el inventario se ha expandido, dando más opciones a los compradores y moderando la velocidad de las transacciones.
En estados como Texas (+48%), Florida (+27%) y Arizona (+22%), el aumento de inventario es más evidente, reflejando mercados donde el ciclo de ajuste ya se siente en desarrolladores, brokers… y tiendas de muebles.
Qué cambia y por qué importa
Cuando la vivienda pierde dinamismo, el golpe es de cadena: manufactura, logística, retail y consumo de bienes duraderos. El sector muebles enfrenta hoy tres presiones combinadas:
- Menos hogares nuevos y menos mudanzas. Menos necesidad de amueblar desde cero.
- Consumo más cauto. Se reemplaza sólo lo indispensable; el ticket promedio y la frecuencia de compra caen.
- Costos operativos al alza. Rentas, nómina, logística y financiamiento más caros en un entorno donde los ingresos por tienda dejan de crecer.
En ese contexto, el entramado de American Signature Furniture y Value City Furniture es un caso de referencia. El grupo opera alrededor de 120 tiendas en 17 estados y emplea a unas 3,000 personas. La compañía se acogió al Chapter 11 en el Tribunal de Quiebras del Distrito de Delaware (Caso nº 25-12105), citando como factores clave la caída de ventas, condiciones macroeconómicas adversas, la debilidad del mercado de vivienda, la inflación y mayores costos operativos.
Lo que para el consumidor luce como una cadena más en apuros, para el mercado inmobiliario es una señal más de que el ciclo de retail ligado al hogar entra en fase de reacomodo acelerado.
Implicaciones para el negocio inmobiliario y la inversión
Para el retail y los centros comerciales
Las quiebras de grandes cadenas de muebles elevan el riesgo de inquilinos ancla y pueden presionar rentas, ocupación y estrategias de renovación de contratos. Aunque las tiendas siguen operando mientras avanza el proceso, cualquier escenario de cierre o venta de activos puede generar:
- más volatilidad en la oferta de espacio comercial destinado a bienes duraderos,
- necesidad de reconfigurar locales grandes para formatos más pequeños o usos alternativos,
- presión sobre el tráfico peatonal en centros donde estas marcas funcionaban como polos de atracción.
Para desarrolladores y gestores de cartera
Un entorno de demanda más débil para muebles implica menos consumo complementario alrededor de nuevos desarrollos habitacionales y puede afectar la viabilidad de ciertos formatos de strip centers o power centers orientados al hogar. Se vuelve indispensable:
- monitorear concentración de riesgo en inquilinos de una misma categoría (muebles, electrodomésticos, mejoras del hogar),
- anticipar renegociaciones o vacancias en ubicaciones secundarias,
- ajustar supuestos de flujo peatonal y ventas por metro cuadrado en modelos financieros.
Para fondos y capital institucional
El DIP financing de aproximadamente 50 millones de dólares permite mantener operaciones mientras avanza la reestructura, pero manda un mensaje claro al capital:
- los activos minoristas ligados a muebles requieren valoración más conservadora,
- la exposición a cadenas especializadas debe revisarse local por local,
- los procesos de 363 sale pueden abrir ventanas para adquirir activos a descuento, siempre que se tenga capacidad real de traer nuevos inquilinos o reconvertir uso.
El juego ya no es sólo “comprar barato en distress”, sino entender si la micro-plaza puede sostener un nuevo mix comercial en un contexto donde el gasto en bienes duraderos se normaliza a la baja.
Qué significa para el mercado inmobiliario a futuro
La combinación de una vivienda menos dinámica y un sector de muebles en consolidación refuerza la necesidad de cautela en inversiones que dependen del consumo discrecional del hogar. Para proyectos residenciales con componente retail, esto implica revisar con lupa:
- supuestos de absorción comercial,
- mix de giros (más servicios, menos bienes duraderos puros),
- estructura de contratos de arrendamiento, con mayor énfasis en la solidez del balance de los inquilinos.
El mercado podría ver más cierres, fusiones o reconfiguraciones de tiendas especializadas. Eso impactará la experiencia de compra y la densidad de flujos de clientes en zonas comerciales, obligando a propietarios a invertir más en programación, amenidades y curaduría, no sólo en metros rentables.
Conclusión
La volatilidad actual en vivienda y muebles manda un mensaje simple a los jugadores del sector inmobiliario: toca ser selectivos y disciplinados.
Inversionistas y desarrolladores deben priorizar exposiciones a consumo con mayor resiliencia cíclica, revisar con detalle la calidad de los contratos de arrendamiento y evaluar la capacidad de cada activo para absorber shocks de demanda.
El ciclo de vivienda ordena la demanda de muebles. Cuando ese motor falla, el resto del ecosistema lo resiente, a menudo con efectos más amplios de lo previsto. No hay milagros: hay líneas de crédito, plazos y decisiones estratégicas que van a definir quién sale fortalecido y quién se queda atrapado en la próxima ola de reestructuraciones.