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Los roommates ya no son solo jóvenes: el mercado de vivienda compartida envejece en EE. UU.

La edad promedio de quienes comparten vivienda en Estados Unidos está aumentando. Datos de SpareRoom muestran que 1 de cada 4 roommates ya tiene 45 años o más, reflejo de la presión de las rentas y el costo de vida. La tendencia sugiere que compartir vivienda dejó de ser un fenómeno juvenil para convertirse en una estrategia económica para adultos y jubilados.

Compartir vivienda solía asociarse con estudiantes o jóvenes profesionales al inicio de su carrera. Sin embargo, el mercado estadounidense está cambiando: cada vez más adultos de mediana edad y jubilados están recurriendo a roommates para enfrentar el alto costo de vivienda.

Datos del portal de renta compartida SpareRoom muestran que uno de cada cuatro roommates en Estados Unidos tiene 45 años o más, una proporción que se ha duplicado en la última década.

El fenómeno refleja un cambio estructural en el mercado habitacional del país.

Un mercado que envejece rápidamente

El análisis de SpareRoom —basado en casi 946,000 usuarios en diez años— muestra que los grupos de mayor edad son los que crecen con mayor rapidez en el mercado de vivienda compartida.

Entre 2014 y 2023:

  • las personas de 45 a 54 años aumentaron 76 %
  • el grupo de 55 a 64 años creció 190 %
  • quienes tienen 65 años o más crecieron 525 %, el aumento más fuerte de todos los segmentos

Al mismo tiempo, la participación de los jóvenes en el mercado de roommates ha disminuido proporcionalmente.

Esto confirma una tendencia clara: la edad promedio de quienes comparten vivienda está aumentando.

El costo de vivienda como detonante

El principal motor detrás de este cambio es económico.

Las rentas en Estados Unidos han alcanzado niveles récord en muchas ciudades. Según SpareRoom, los alquileres de habitaciones compartidas alcanzaron máximos históricos en gran parte de los principales mercados urbanos en los últimos años.

En varias áreas metropolitanas, los precios de las habitaciones superan incluso el presupuesto promedio de los inquilinos, lo que obliga a muchos a buscar alternativas.

Esta presión financiera explica por qué cada vez más adultos —incluso propietarios— optan por compartir vivienda.

El auge del “live-in landlord”

Una de las dinámicas emergentes es el crecimiento de los llamados “live-in landlords”, propietarios que alquilan una habitación en su propia casa.

En 2024:

  • el número de personas mayores de 65 años que anunciaron habitaciones en sus hogares aumentó 48 %
  • el grupo de 55 a 64 años creció 40 % en este segmento

Para muchos jubilados, rentar una habitación ofrece dos beneficios:

  • ingreso adicional para complementar la jubilación
  • compañía y seguridad en el hogar

Incluso el número de adultos mayores que buscan alquilar una habitación como inquilinos aumentó 55 % en un solo año.

Compartir vivienda deja de ser una etapa temporal

El cambio demográfico sugiere que la vivienda compartida ya no es solo una fase de transición.

Cada vez más personas recurren a roommates por razones estructurales:

  • altos costos de renta
  • salarios que no crecen al mismo ritmo que la vivienda
  • dificultades para comprar vivienda

Esto ha convertido el modelo de co-living o vivienda compartida en una estrategia permanente para millones de hogares.

Implicaciones para el mercado inmobiliario

El envejecimiento del mercado de roommates tiene implicaciones importantes para el sector inmobiliario:

1. Crece la demanda por vivienda compartida
La presión sobre la renta impulsa nuevos modelos de co-living.

2. Más propietarios rentando habitaciones
La vivienda unifamiliar empieza a integrarse al mercado de renta parcial.

3. Nuevos perfiles de inquilinos
La vivienda compartida deja de ser exclusiva de jóvenes.

Lectura para mercados globales

La tendencia observada en Estados Unidos refleja un fenómeno más amplio: la vivienda compartida está evolucionando de solución temporal a modelo estructural de acceso a vivienda.

En ciudades con rentas elevadas, compartir vivienda se está convirtiendo en una estrategia intergeneracional que combina economía, flexibilidad y socialización.

Para el mercado inmobiliario, esto plantea una pregunta relevante:
si el costo de vivir solo continúa aumentando, la vivienda compartida podría pasar de ser una excepción a convertirse en una nueva norma urbana.