La automotriz invertirá en cuatro estados, lanzará cinco vehículos y generará 5,000 empleos, con un viraje pragmático: menos electrificación total, más productos rentables.
El plan cubre plantas en Illinois, Ohio, Michigan e Indiana, reabre Belvidere y amplía producción de Jeep Cherokee y Compass. También financiará un nuevo motor GMET4 EVO de cuatro cilindros, a producirse en 2026 en Kokomo.
Warren Truck (Michigan) ensamblará desde 2028 un vehículo eléctrico de autonomía extendida —batería con generador de gasolina— y una SUV grande a gasolina. Detroit fabricará la próxima Dodge Durango en 2029, mientras Toledo armará una pick-up mediana.
La compañía ha recortado metas eléctricas en EE.UU.: canceló una pick-up 100% eléctrica y descartó un Gladiator electrificado, aunque mantiene la Ram 1500 REV de autonomía extendida. La apuesta busca volumen inmediato, margen y resiliencia regulatoria.
Para México y LATAM, la señal es clara: se fortalece la cadena de proveeduría norteamericana. Más programa de motores, SUVs y pick-ups implica demanda de autopartes, arneses y componentes electrónicos, beneficiando a proveedores en el Bajío y la frontera. El nearshoring gana tracción con ciclos de reabastecimiento más cortos y costos logísticos contenidos.
El mercado industrial debe prepararse para picos de demanda en naves clase A, espacios cross-dock y centros de distribución con acceso carretero y ferroviario hacia el Medio Oeste de EE.UU. Parques con energía disponible, permisos ágiles y mano de obra capacitada captarán a Tier 1 y 2 que escalen volúmenes.
La reconfiguración de Stellantis, más térmica de lo previsto pero con tecnología puente, presionará rentas y absorción en corredores industriales mexicanos. Quien ofrezca potencia instalada, certificaciones y contratos flexibles será el primer en llenar sus metros cuadrados.