Sub-soberanos 2026: más ingresos, pero gasto rígido y riesgos clave

Moody’s Local estima que Participaciones y Aportaciones crecerán 6.3% en 2026, sosteniendo ingresos en estados y municipios.  El reto se mueve al gasto operativo: sueldos, ayudas sociales y pensiones empujan rigidez y restan margen de maniobra.  Con deuda baja y un “techo” de financiamiento relevante, la pregunta para 2026 es ejecución y selectividad, no apetito.  

Más ingresos, menos flexibilidad: el verdadero reto sub-soberano en 2026

El mapa 2026 para estados y municipios trae una combinación rara: ingresos al alza y deuda baja, pero una presión de gasto que se vuelve estructural. De acuerdo con Moody’s Local, las Participaciones y Aportaciones Federales crecerían 6.3% en 2026, lo que da estabilidad al sector. 

Participaciones significa transferencias no etiquetadas de Federación a estados.

Aportaciones significa transferencias etiquetadas para funciones específicas.

Ese colchón importa, pero no resuelve lo incómodo: el gasto operativo sigue creciendo, sobre todo por sueldos y mayores asignaciones a programas de asistencia social.  Y encima, los pasivos no fondeados por pensiones siguen creciendo, con aportaciones extraordinarias que endurecen el presupuesto. 

La discusión deja de ser “si entra dinero” y se convierte en “qué tan amarrado llega ese dinero”.

Transferencias al alza: el piso del sistema en 2026

Moody’s Local pone el tono desde el arranque: mayores ingresos y bajo endeudamiento permiten manejar retos de gasto.  En su lectura, el piso lo sostienen las transferencias federales.

Si se separa el dato, el reporte también estima un incremento de 6.4% en Participaciones Federales y de 6.2% en Aportaciones para 2026.  Eso marca tendencia positiva, aunque con un crecimiento menor al promedio observado 2015–2024 para Participaciones. 

El detalle no es técnico. Es político y operativo.

Participaciones incluyen recursos transferidos vía FEIEF, el Fondo de Estabilización de los Ingresos de las Entidades Federativas.  Ese matiz se vuelve relevante cuando el propio documento señala que hay pocos recursos en el FEIEF, por lo que el margen para enfrentar choques en Participaciones luce limitado. 

En otras palabras: el piso existe, pero el seguro está delgado.

La rigidez no viene del mercado, viene de nómina y pensiones

La palabra que explica 2026 es rigidez.

No por drama. Por aritmética.

Moody’s Local anticipa crecimiento continuo en gasto operativo, especialmente sueldos y ayudas sociales.  En estados, además, señala que 66% del gasto operativo se sigue yendo a servicios personales y transferencias a organismos y ayudas sociales. 

El golpe silencioso se llama pensiones.

El reporte indica que los sistemas de pensiones en descapitalización enfrentan pasivos no fondeados equivalentes en promedio a 193% de los ingresos operativos de los estados en 2024.  Para 2025, estima que las aportaciones extraordinarias a sistemas de pensiones representaron en promedio 4% de los ingresos operativos, y que esas aportaciones introducen rigidez al gasto operativo y reducen flexibilidad financiera y fiscal. 

Traducción a decisiones: cuando el gasto viene “etiquetado por obligación”, el presupuesto deja de ser herramienta y se vuelve camisa de fuerza.

Deuda baja, espacio real para financiar, pero con límites claros

El lado positivo es material.

Moody’s Local estima que en 2026 los niveles de deuda serán equivalentes en promedio a 34% de ingresos operativos en estados y 10% en municipios calificados.  Esa base de apalancamiento abre margen para contratar financiamientos de largo plazo y fondear inversión pública. 

Incluso cuantifica el “techo de financiamiento” agregado: al 3T-2025, los estados mexicanos tendrían un techo aproximado de MXN 232,000 millones como oportunidad para fondear proyectos.  Además, el reporte apunta que las 32 entidades se ubican en Endeudamiento Sostenible, y con Financiamiento Sostenible pueden tener Techo de Financiamiento Neto de hasta 15% de sus Ingresos de Libre Disposición. 

El “pero” no es menor.

Los mismos estados que tienen espacio enfrentan rigidez por pensiones y gasto operativo.  Entonces el juego no es “deuda sí o no”. El juego es “deuda para qué” y “quién puede ejecutar sin reventar su caja”.

Liquidez sólida en promedio, pero el riesgo vive en la cola

El promedio se ve bien. La dispersión manda.

Para estados, Moody’s Local estima en 2026 un indicador de efectivo a pasivo circulante de 1.9x en promedio, aunque reconoce un grupo con colchones de liquidez limitados.  En municipios, proyecta un indicador de 2.5x y deuda equivalente a 10% de ingresos operativos, con uso muy limitado de deuda de corto plazo. 

Pero el reporte pone una alerta útil: emisores en rangos BBB’s.mx y A-.mx siguen con débiles posiciones de liquidez, lo que representa un reto crediticio para ese grupo. 

Para el mercado inmobiliario, esta línea importa más que cualquier promedio.

La inversión pública y la gestión urbana no se mueven con “medianas”. Se mueven con quién trae caja para operar sin patear pagos.

Señales 2026: tres riesgos que pueden torcer el tablero

Moody’s Ratings proyecta un crecimiento del PIB de 1.2% en 2026 y 1.9% en 2027, con inflación de 3.8% y 3.6% respectivamente.  El reporte también advierte que una mayor incertidumbre comercial o un menor desempeño de la recaudación federal impactaría a los sub-soberanos. 

Tres focos rojos salen explícitos:

Incertidumbre por la revisión del TMEC, con posible afectación a estados manufactureros y receptores de IED. 

Posible renovación de estímulos fiscales para Pemex, con impacto negativo al fondeo de Participaciones. 

Pocos recursos en FEIEF, con margen limitado para enfrentar choques en Participaciones. 

Este combo crea un patrón: el riesgo no pega parejo, pega por modelo económico y por dependencia fiscal.

La implicación para real estate en México y LATAM

2026 no se siente como año de “recorte” subnacional. Se siente como año de “selectividad”.

Con transferencias al alza (6.3% en conjunto)  y deuda promedio baja (34% estados, 10% municipios),  el sector público local tiene espacio para financiar obra. Lo que separa ganadores de rezagados será disciplina de gasto, rigidez por pensiones y capacidad real de ejecución. 

Para desarrolladores, brokers e inversionistas, la ventaja competitiva se vuelve táctica: elegir plazas donde el municipio o el estado no solo “promete infraestructura”, sino que puede pagarla, operarla y sostenerla sin convertir la tesorería en un modo supervivencia.