La IA generativa en plataformas de viajes está rompiendo el negocio donde más dolía: arriba del funnel, en el momento de descubrimiento. Ahí es donde los agregadores capturan intención, la convierten en tráfico y la monetizan con comisiones, anuncios o ambos. Si la respuesta llega “cerrada” en una conversación, el clic deja de ser obligatorio y el poder cambia de manos.
El negocio de viajes se volvió el caso escuela porque el producto es fragmentado, la oferta es enorme y el usuario llega con dudas abiertas. En ese contexto, plataformas como Expedia y Booking.com construyeron su dominio como intermediarios que conectan oferta dispersa con demanda masiva. La tesis ahora es que esa intermediación ya no está garantizada.
El golpe no es tecnológico: es de distribución
Durante dos décadas, la ventaja de un agregador fue controlar el punto de entrada. La IA generativa en plataformas de viajes ataca justo esa función porque reduce la necesidad de navegar listas de enlaces o comparar manualmente. El usuario pide, la IA responde y el tráfico se reacomoda.
Ese cambio no exige que el incumbente “pierda” producto. Exige que pierda distribución. Y cuando pierdes distribución, el CAC sube, el margen se comprime y la dependencia de pauta se vuelve más tóxica.
De eficiencia funcional a engagement emocional
La recomendación estratégica que aparece con más filo es esta: los incumbentes deben moverse de eficiencia a inspiración. Si el usuario ya puede obtener respuestas funcionales en una conversación, el valor del agregador tiene que migrar hacia experiencia, confianza, narrativa y continuidad del viaje.
En términos prácticos, esto empuja a diseñar journeys que mantengan al viajero enganchado más allá de la comparación de precios. Personalización real, recomendaciones que sí entiendan contexto y una experiencia que se sienta curada, no solo optimizada.
El nuevo tablero: ecosistemas impulsados por IA
La IA generativa en plataformas de viajes también obliga a adaptarse a un ecosistema distinto. Si la puerta de entrada se vuelve conversacional, la plataforma compite por ser el lugar donde el usuario resuelve todo, no solo donde encuentra opciones.
Eso cambia la prioridad de producto. Menos features de búsqueda que cualquiera puede copiar y más capacidades que sostienen relación: servicio, postventa, cambios, soporte, insights, membresías, beneficios y mecanismos para repetir.
El dato como ventaja: se mantiene, pero ya no basta
Los agregadores tienen un activo fuerte: datos. Historial de búsqueda, preferencias, elasticidad al precio, ventanas de reserva, estacionalidad. El punto es que el dato por sí solo no crea defensa si la interacción migra a otra interfaz.
La respuesta es reencuadrar esa ventaja: usar los datos para diseñar experiencias personalizadas e inspiradoras, no solo para optimizar conversiones.
Dicho simple: el dato sirve cuando se convierte en producto. Si se queda como backend para performance marketing, te lo vuelan con un cambio de canal.
Lectura para México: el riesgo no es viajes, es intermediación
La IA generativa en plataformas de viajes es un espejo para cualquier negocio que vive de agregación digital. Si tu valor principal es “yo te consigo opciones”, estás en zona roja. Si tu valor es “yo te acompaño con confianza y te resuelvo el proceso completo”, tienes defensa.
En México, esto aplica directo a verticales donde el discovery manda: turismo, retail, recruiting y también real estate. Cuando la interfaz de búsqueda cambia, el que sobrevivirá no es el que tenga más inventario indexado. Es el que tenga marca, producto, servicio y datos propios convertidos en experiencia.
La conclusión es incómoda y útil: la era del gatekeeper no se acaba por falta de oferta. Se acaba porque el usuario ya no necesita recorrer la misma puerta para llegar a la respuesta.