2026: el crédito se decide entre energía, clima físico e IA
La conversación ESG se aterriza a fuerza en 2026. Menos manifiesto, más restricción real: energía suficiente, a precio políticamente tolerable, con eventos extremos más frecuentes y una economía digital que consume electricidad como si fuera oxígeno. De acuerdo con un informe público de Moody’s Ratings, esas tres fuerzas van a mover la aguja del riesgo crediticio en 2026 y más allá.
El punto incómodo es simple: la transición ya no se mide solo por ambición, se mide por ejecución y por quién paga la cuenta. Y eso conecta directo con México y LATAM, donde la demanda, la infraestructura y el costo de capital suelen jugar en modo difícil.
La transición entra a modo “pragmático” y el mercado lo va a reflejar
Moody’s plantea que la seguridad energética y la asequibilidad van a dominar las estrategias de sostenibilidad en 2026. Eso empuja un enfoque pragmático: inversión en tecnologías de bajas emisiones por competitividad de costos, pero también inversión “progresiva” en combustibles fósiles para sostener suministro en un contexto de mayor demanda eléctrica.
Hay un detalle que explica la nueva tensión: la demanda global de energía crece por infraestructura digital, electrificación del transporte y la industria, y mayor demanda de refrigeración. En el gráfico de crecimiento regional (Figura 2, pág. 4), Moody’s muestra a los centros de datos como un impulsor relevante en EE. UU., mientras que el crecimiento agregado se lo cargan los mercados emergentes.
Traducción a lectura de negocio: en 2026, el “riesgo de transición” no se cancela. Se repricea. Y la volatilidad de política (fragmentación, posibles reversiones) se vuelve un input de crédito, no una nota al pie.
La electricidad barata ya no es garantía, y eso pega directo al real estate
Moody’s liga la transición con política y precios al usuario final. En economías avanzadas, reporta que la factura eléctrica mensual promedio en EE. UU. subió casi 30% desde 2021, y en la UE los precios promedio residenciales subieron 30% en el mismo periodo.
También señala que cumplir objetivos de transición en algunas economías requeriría inversión anual de entre 0.5% y 2.0% del PIB hasta 2035, y que eso se traduciría en incrementos anuales de tarifas mayores a 5% en casos como California y Nueva York, por encima de salarios e inflación.
Para real estate esto no es “tema eléctrico”. Es underwriting.
Underwriting = supuestos duros para modelar rentas y retornos.
- Industrial y data centers: el costo y disponibilidad de energía se vuelve restricción de ubicación y de expansión.
- Vivienda: la asequibilidad no solo depende de hipoteca, también de servicios básicos.
- Retail: costos operativos y presión al consumo se conectan por la misma vena.
El mercado no te va a preguntar si tu proyecto es “verde”. Te va a preguntar si aguanta el estrés de costos sin romper DSCR.
Clima físico: el riesgo que ya no se queda en el Excel
Moody’s eleva el peso del riesgo físico. Señala que, conforme los eventos extremos se vuelven más frecuentes y graves, la inversión en adaptación y resiliencia será clave para mitigar riesgo y sostener fortaleza crediticia.
Dos números del reporte sirven como ancla mental:
- Moody’s estima que los riesgos físicos podrían implicar una pérdida económica cercana a 19% del PIB en mercados emergentes y alrededor de 10% en economías avanzadas hacia 2050, comparado contra un escenario hipotético sin riesgos físicos ni nuevas políticas de transición.
- En el primer semestre de 2025, las pérdidas económicas globales por catástrofes naturales fueron USD135,000 millones y los seguros cubrieron alrededor de 59% (Figura 4, pág. 6), creando una brecha de protección relevante.
Y ahí viene el golpe crediticio: si las aseguradoras suben primas, limitan cobertura o se retiran, el riesgo se traslada al resto de la economía vía caída de valor de propiedades, menor recaudación y mayor dependencia del apoyo gubernamental. Moody’s lo dice tal cual.
En México y LATAM esto suele amplificarse por dos factores que el propio reporte subraya en general: mayor vulnerabilidad de mercados emergentes y cobertura de seguro limitada.
Agua, naturaleza y cadenas de suministro: el riesgo silencioso que se vuelve regulatorio
Moody’s amarra descarbonización, riesgo físico y riesgos ambientales hacia gestión de recursos naturales. En particular, pone el foco en agua y en disrupciones de cadena de suministro, mencionando que el consumo de agua de centros de datos ya entra en el radar.
En la sección de agua, el reporte apunta que la competencia por recursos hídricos entre agricultura, industria y usuarios urbanos crece, con tensiones sociales y políticas. Incluso menciona rechazo comunitario a desarrollos de centros de datos en regiones con escasez de agua, incluyendo América Latina, y el endurecimiento regulatorio que empuja prácticas “sin agua” o de eficiencia hídrica.
Para desarrollo urbano esto aterriza rápido:
- Due diligence hídrico deja de ser “ambiental” y pasa a ser continuidad operativa.
- Infraestructura de agua resiliente se vuelve CapEx inevitable, y suele caer más en gobiernos locales (Moody’s lo destaca).
- El activo que ignora agua no solo enfrenta costo. Enfrenta permisos, conflicto social y riesgo de interrupción.
IA: demanda eléctrica, disrupción laboral y riesgo de datos
Moody’s no trata la IA como moda. La trata como shock operativo.
Primero, por energía: la demanda de centros de datos en EE. UU. aparece como impulsor importante del crecimiento eléctrico (Figura 2, pág. 4).
Segundo, por riesgo social: el reporte plantea que la IA puede aumentar productividad y aliviar escasez laboral en economías envejecidas, pero también puede profundizar disparidades por disrupción laboral a gran escala y concentración de beneficios.
Tercero, por gobernanza de datos: Moody’s cita una encuesta cibernética 2025 donde casi una cuarta parte de encuestados no tenía políticas que restringieran el uso de datos internos y confidenciales con herramientas públicas de IA. Eso abre riesgo reputacional, pérdida de control y exposición de información.
Para empresas inmobiliarias, financieras y de servicios urbanos, esto se traduce en compliance y costo, porque la regulación fragmentada eleva incertidumbre y costos de cumplimiento, según el reporte.
Playbook 2026 para capital y desarrollo en México y LATAM
Moody’s cierra con un marco claro: la capacidad de financiamiento y la gestión de riesgos van a determinar el tamaño de la presión crediticia.
Con esa lógica, el playbook ejecutable para 2026 se ve así:
- Reescribe el riesgo físico en tu modelo No como “escenario”, como variable de precio y asegurabilidad. La brecha de protección (Figura 4) implica que el riesgo no desaparece: cambia de bolsillo.
- Energía como criterio de sitio, no como OPEX menor La asequibilidad eléctrica ya es política. Si tus números dependen de tarifas estables, ya vas tarde.
- Agua como condicionante de permisos y continuidad Moody’s subraya escasez, tensiones y regulación más estricta, incluyendo LATAM. Eso te pega en cronograma y capex.
- Gobernanza de datos y proveedores de IA Si tu organización usa IA sin barandales, te estás comprando riesgo reputacional y contractual. El reporte deja claro que esto ya está pasando.
- Capital: busca estructuras que sobrevivan el ciclo Moody’s menciona mecanismos como financiamiento mixto, bonos azules, y un rol creciente de crédito privado en inversión sostenible. Úsalos como herramientas, no como etiqueta.
El mensaje central de Moody’s es incómodo, pero útil: 2026 no premia la narrativa. Premia al que puede financiar, operar y asegurar activos en un mundo con energía más disputada, clima más caro y tecnología más demandante.