Retiro en crisis: cuando la vivienda es tu seguro, pero también tu riesgo
La brecha ya no se discute.
Se vive.
Retirados en Estados Unidos creen que para 2026 se requiere $823,800 para un retiro cómodo, pero reportan $288,700 en promedio.
Eso deja un hueco de $535,100.
No es “falta de disciplina”.
Es un choque entre costo de vida, expectativa y ahorro real.
El estudio que dispara estos datos encuestó a 1,000 retirados y levantó respuestas en octubre de 2025. En promedio, habían dejado de trabajar hace casi 11 años.
La expectativa sube brutal, el ahorro baja
El salto de percepción es el primer foco rojo.
Para 2025, los retirados decían que con $580,310 alcanzaba. Para 2026, suben la cifra a $823,800.
Al mismo tiempo, el promedio de ahorro reportado cae frente al año anterior: de $308,040 a $288,700.
El dato que parte el tablero en dos.
29% dice que no tiene nada ahorrado para retiro.
Cuando casi un tercio está en cero, el “retiro” deja de ser etapa. Se vuelve estado de vulnerabilidad.
La crisis ya es percepción dominante, y viene con ansiedad financiera
El reporte no mide solo dinero, mide ánimo.
64% cree que el país vive una crisis de retiro.
48% no confía en sostener su calidad de vida a largo plazo.
23% duda poder sostenerla siquiera durante el próximo año.
Y hay un dato que no se debe suavizar porque explica la temperatura emocional.
43% dijo que preferiría morir antes de que se le acaben los ahorros.
Ese número no describe finanzas.
Describe miedo.
La austeridad ya cruzó la línea: salud y comida
Cuando un retirado recorta viajes, entretenimiento o restaurantes, es normal.
Cuando recorta medicina o comida, ya estás en otra película.
Para ahorrar, 14% evitó citas o tratamientos médicos.
12% se saltó comidas.
Además, 55% prioriza “preservar” dinero por encima de disfrutar el retiro.
En gasto cotidiano, 67% gastó más de lo esperado en groceries y 60% en seguros.
El mensaje operativo.
El retiro se volvió un ejercicio de defensa, no de bienestar.
El punto más peligroso: 51% no tiene plan si el dinero se acaba
Aquí se rompe la narrativa de “ya veremos”.
51% no tiene plan si sus ahorros se terminan.
Esto importa para real estate porque, cuando no hay plan financiero, la vivienda se convierte en plan por default.
Vendes.
Rentas un cuarto.
Te mudas con familia.
Downsize forzado.
O te quedas en una casa que ya no puedes mantener.
Vivienda: el ancla emocional que se volvió riesgo financiero
El estudio pone a la vivienda como el centro de presión.
49% dice que una caída fuerte en el valor de su casa afectaría sus planes de largo plazo.
25% no está seguro de poder pagar sus costos de vivienda dentro de un año.
Y aun así, 73% dice que haría todo por quedarse en su casa, incluso si apenas la puede pagar.
Ahí está la trampa.
El hogar es refugio.
Pero también es gasto fijo, mantenimiento, impuestos, seguro, servicios, y en muchos casos, soledad operativa.
Cuando la casa funciona como “cuenta de retiro”, necesitas liquidez. Y la casa no es liquidez a menos que tomes decisiones difíciles.
La política pública aparece, pero el dilema es aritmético
La discusión clásica vuelve: subir la edad promedio de retiro para reflejar mayor esperanza de vida.
La mayoría se opone.
58% está en contra de elevarla desde 62 años.
También hay señales de desconfianza institucional alrededor de políticas de retiro, con porcentajes bajos de confianza en que el gobierno actúe a favor de retirados.
Independiente de ideología, el dilema es aritmético.
Más años de vida.
Más años de gasto.
Más presión si el ahorro se quedó corto.
Qué significa esto para el mercado inmobiliario en EU
Tres efectos probables, directos.
1) Más “aging in place” por necesidad
Si 73% se aferra a su casa, aumenta la demanda de adecuaciones, servicios en casa y mantenimiento, incluso cuando el presupuesto aprieta.
2) Más rotación por costos fijos
Cuando 25% duda pagar vivienda en un año, parte de ese grupo venderá o se mudará no por deseo, por supervivencia.
3) Mayor tensión sobre producto senior accesible
Si el retiro no alcanza, el mercado necesita opciones con costos previsibles. Si no existen, la presión cae sobre la casa actual y la familia.
El punto de fondo.
El real estate ya no es solo inversión o estilo de vida.
Se volvió infraestructura de estabilidad financiera.
Implicación para México y LATAM: la casa como retiro también existe, pero con menos red
México y LATAM tienen otras dinámicas, pero comparten un patrón: patrimonio concentrado en vivienda y poca liquidez.
Este caso deja tres aprendizajes accionables.
1) Diseña vivienda para retiro con costos predecibles
No vendes “amenidades”.
Vendes control de gasto mensual, mantenimiento y operación simple.
2) Senior housing compite contra la negación
Si no das una alternativa accesible y digna, la gente se queda en casa hasta que el costo explota en salud y dependencia.
3) El operador manda
En vivienda para mayores, la experiencia y la continuidad valen más que el acabado. Es negocio de operación, no de brochure.
El retiro se está reescribiendo con una frase brutal.
Mucha gente no se retirará.
Solo dejará de trabajar.
Y si el ahorro no alcanza, la vivienda definirá quién aguanta y quién se rompe.