Ante la creciente frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, la construcción sostenible se ha consolidado como un pilar para la gestión de riesgos, la resiliencia territorial y la preservación del valor económico y patrimonial.
Sin embargo, el Barómetro de la Construcción Sostenible 2026 revela una brecha persistente. Aunque el sector financiero reconoce la importancia de la adaptación en el entorno construido, su integración en decisiones de inversión, financiamiento y seguros sigue siendo limitada. Esto se debe, en gran parte, a que sus beneficios no han sido completamente demostrados.
Una visión aún incompleta
Por primera vez desde su lanzamiento en 2023, el Barómetro incluye un estudio cualitativo internacional enfocado en bancos y aseguradoras, centrado en adaptación y resiliencia. Este análisis complementa la encuesta cuantitativa anual aplicada a miles de actores y ciudadanos en distintos países.
La eficiencia energética continúa siendo el factor más asociado a la construcción sostenible (33%). No obstante, el concepto evoluciona hacia una mayor relevancia de la resiliencia, mencionada por el 26% de los participantes, lo que representa un aumento frente al año anterior.
En América Latina, la percepción es menor: alcanza el 21%, con cifras de 25% en México y 20% en Colombia. Estas diferencias evidencian la necesidad de construir una narrativa común que considere los contextos locales.
La resiliencia se refiere a la capacidad de edificios e infraestructuras para resistir riesgos climáticos, absorber impactos y mantener su valor en el tiempo. Aun así, estos criterios todavía no se consolidan como factores clave en los modelos económicos ni en la asignación de capital.
El principal desafío: demostrar el retorno de inversión
El estudio identifica un obstáculo central: la falta de evidencia clara sobre el retorno de inversión en proyectos de adaptación y resiliencia.
A diferencia de la reducción de emisiones de CO₂, que cuenta con indicadores estandarizados, la resiliencia implica beneficios probabilísticos y de largo plazo. Entre ellos se encuentran la reducción de pérdidas futuras, la continuidad operativa y la protección de activos.
Esto genera una tensión entre costos inmediatos —a veces elevados— y beneficios percibidos como inciertos dentro de los modelos financieros y de seguros.
Convertir la resiliencia en valor económico
Para avanzar en la transformación del sector, resulta necesario posicionar la resiliencia como un factor de competitividad, rendimiento económico y reducción de riesgos.
El Barómetro señala que el 47% de los participantes considera que la construcción sostenible genera más valor que la tradicional. En América Latina, esta percepción alcanza el 50%. En países como México y Colombia, las cifras llegan al 55% y 69%, respectivamente.
También se identifican tres acciones clave para fortalecer esta percepción:
- Hacer tangibles los beneficios de los proyectos
- Garantizar un desempeño consistente para los usuarios
- Demostrar la competitividad económica de las soluciones
El papel del sector financiero
Bancos y aseguradoras tienen una posición estratégica para integrar la resiliencia en sus procesos de decisión y contribuir a una transformación del sector de la construcción.
Para ello, es necesario avanzar en:
- El desarrollo de estándares y marcos de referencia
- Una mejor evaluación de riesgos físicos en términos financieros
- La adaptación de instrumentos financieros
- La incorporación sistemática de criterios de resiliencia en portafolios de inversión