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La resiliencia ya no es opcional: el problema es que pocas empresas están listas ante disrupciones

Las empresas enfrentan una creciente brecha en resiliencia digital entre mercados, pese a mayor inversión en tecnología. Un barómetro global muestra que pocos países alcanzan niveles altos de preparación ante disrupciones.

El reporte Resilience by design, desarrollado por Economist Impact con apoyo de Telstra, parte de un diagnóstico claro: la resiliencia digital dejó de ser un tema técnico y se convirtió en un problema de negocio.

Hoy, el objetivo ya no es evitar disrupciones. Es seguir operando cuando ocurren.

El problema es que la mayoría de las empresas todavía no puede hacerlo de forma consistente.

De acuerdo con la investigación, se mencionó que las organizaciones de países como Alemania, Reino Unido y Estados Unidos están menos preparadas para enfrentar una disrupción digital a gran escala.

“La investigación muestra que la resiliencia digital se resiente cuando la interrupción se extiende más allá de los proveedores, socios e infraestructura crítica de la empresa“, detalló el comunicado.

El punto ciego: la resiliencia no está dentro de la empresa

A pesar de que, 21% de las empresas mencionó tener un equipo dedicado a implementar iniciativas de resiliencia digital, la confianza se ve afectada cuando las disrupciones implican al exterior.

Un ejemplo es Estados Unidos y Reino Unido donde se mencionó que sólo 19% y 20% de los ejecutivos tiene confianza en la colaboración intersectorial con sus socios y proveedores ante un evento de disrupción.

  • solo 12% tiene visibilidad directa sobre la resiliencia de sus proveedores
  • la dependencia de terceros (cloud, energía, telecom, proveedores) es cada vez mayor

El problema no es la falta de planeación en las empresas ante las disrupciones

Las empresas con mayor resiliencia tienen en común que realizan simulaciones de crisis, operan un monitoreo continuo, distribuyen la toma de decisiones e integran a proveedores en su estrategia.

Sin embargo, aunque es evidente que hay una planificación ante las posibles disrupciones digitales, tanto la supervisión como la gobernanza son débiles.

  • 27% de las organizaciones afirma que los consejos de administración revisan periódicamente sus planes y estrategias de resiliencia digital
  • 38% indica que dichas revisiones dan lugar a acciones concretas

Muchas organizaciones creen estar preparadas, pero la disrupción sigue poniendo al descubierto debilidades en la gobernanza, la coordinación y la toma de decisiones , especialmente fuera de sus propias estructuras. En una economía digital altamente conectada, la resiliencia digital no puede construirse de forma aislada. Debe ser responsabilidad de la alta dirección, probada en todos los ecosistemas y tratada como una capacidad empresarial fundamental.

Roary Stasko, director ejecutivo de Telstra International.

Los países mejor calificados: qué están haciendo distinto

El reporte identifica a un grupo reducido de mercados con mayor madurez en resiliencia digital.

  • Singapur. Cuenta con infraestructura digital altamente confiable, regulación clara y coordinada, así como un ecosistema tecnológico integrado. Opera como hub regional con baja fricción operativa.
  • Estados Unidos. Posee capacidad tecnológica y escala, ecosistema cloud y data centers robusto, además de alta inversión en ciberseguridad. Su ventaja es absorber shocks sin detener la operación.
  • Corea del Sur. Tiene redes digitales avanzadas, alta conectividad e integración tecnológica con las empresas. La resiliencia se integra en la operación diaria.
  • Australia. Cuenta con estabilidad institucional, infraestructura energética y digital confiables, así como marcos regulatorios claros. Tiene menor incertidumbre operativa.

¿Qué están optimizando las empresas líderes?

Las organizaciones más resilientes no hacen más, lo hacen distinto:

  • diseñan redundancia operativa
  • simulan crisis
  • distribuyen decisiones
  • monitorean en tiempo real

La resiliencia digital debe considerarse una disciplina empresarial fundamental, con una clara responsabilidad y recursos dedicados, y no una iniciativa periódica de TI. Esto implica integrar a los socios del ecosistema en las pruebas de estrés, pasar de revisiones de riesgos puntuales a una preparación continua y garantizar que la gobernanza se mantenga al ritmo de tecnologías como la IA”.

Charles Ross, jefe de políticas y análisis para Asia-Pacífico en Economist Impact.